El Camino Inverso / Il Cammino Inverso – Jornada 20ª / Giornata 20ma: San Martín del Camino – Astorga

Km: 24,2 – km totales: 514,9 – ampollas / vesciche: 0 – totales: 3

Perfil de etapa. Guía Consumer Eroski / Profilo della tappa. Guida Consumer Eroski.
Resumen de la etapa / Riassunto della tappa
Vídeo de la etapa realizado por el escudero / Video della tappa realizzato dallo scudiero

[ESPAÑOL]

Batallas medievales y lujos contemporáneos

Puedo decir que normalmente no me cuesta mucho despertarme y ponerme en marcha, pero después de nochecitas toledanas como la última, en la que las sonatas para fuelle y pulmón han sobrevolado libremente el espacio, no es que no me haya costado, sino que estaba deseando que llegara la hora de empezar a caminar o, al menos, de salir de la habitación. Dar vueltas en la cama nunca ha sido uno de mis entretenimientos favoritos. Además, hoy tenía que supervisar cómo iban esas ampollas raritas que me han salido y que esperaba no supusieran un obstáculo demasiado difícil de sortear. Cuando ha llegado una hora conveniente, he salido al patio y me las he cubierto con venda para amortiguar los posibles roces que pudiera tener durante el día… no sé si ha sido una buena idea. Cuando vuelvo a la habitación, el escudero está sentado en su litera de abajo y me muestra entre divertido y desencantado los restos de la pelota de tenis que compró ayer: espachurrada y amorfa como metáfora de una misión imposible. Ya que no podemos hacer ruido porque aún hay gente durmiendo, no hace falta añadir comentarios sobre la calidad del producto. Me acuerdo de que le tengo que decir algo y le susurro en la penumbra una palabra propia del día que amanece: auguri (felicidades). Hoy es su cumpleaños.

Cuando salimos de La Casa Verde todo está en calma y el cielo está despejado. Tardamos un par de minutos hasta llegar de nuevo a la N-120, que nos sirvió ayer de referencia durante casi toda la jornada y amaga con convertirse hoy también en un suplicio monótono a ritmo de motores variados. Efectivamente, durante más de seis kilómetros no hacemos más que seguir por la acera o bien por una vía de servicio paralela a la carretera. Además, una atmósfera onírica hace que ese primer tramo del día parezca de algún modo sospechoso, como si guardara algo oculto que no podemos controlar y que amenaza con fastidiarnos el día: la noche moribunda, la luna llena, los coches despavoridos que surgen de la nada y desaparecen en unos segundos a toda velocidad, como si quien los conduce no pudiera resistir el impulso de pisar el acelerador más de lo necesario… A medida que el panorama se va inundando de la luz que nos llega por la espalda, los fantasmas se volatilizan y los miedos se desvanecen. Nos desviamos, por fin, de la N-120, y poco después llegamos a Puente de Órbigo. Desayunamos y, a los pocos metros, ponemos pie en el puente del Passo honroso.

Puente del Passo honroso. Foto de Andrea Zuppa.
Puente del Passo honroso. Puente de Órbigo.

Por suerte, no estamos en el verano de 1434, así que podemos atravesarlo sin tener que batirnos en duelo con el caballero don Suero de Quiñones. Siendo poco dados a la batalla, nuestras opciones hubieran sido dos: evitar el enfrentamiento cruzando el río con el agua del Órbigo hasta el cuello y la consecuente deshonra para nuestro apellido, o bien sufrir una derrota segura, quién sabe si con algún hueso roto o incluso perdiendo la vida en el intento. Aunque, a decir verdad, aún otra estrategia hubiéramos podido utilizar para salir del atolladero: presentar la credencial que nos identifica como peregrinos de camino hacia Santiago. Quién lo hubiera dicho: además de darnos acceso a los albergues, es casi un pasaporte diplomático muy útil cuando vienen mal dadas.

Historia del passo honroso / Storia del passo honroso

Después del puente nos encontramos ya en Hospital de Órbigo, seguimos el trazado de la antigua calzada romana (y más tarde medieval), y cuando llegamos al final del pueblo, una pintada en el asfalto nos da dos opciones para continuar: si proseguimos en la misma dirección, nos espera una experiencia parecida a la de ayer (la carretera), y si nos desviamos a la derecha, tomaremos un camino de tierra. Vistos los antecedentes, no dudamos en elegir la segunda opción, con la esperanza de no toparnos en este caso con la casa de una abuelita que con voz extrañamente grave y áspera nos diga aquello de «para comerte mejor». Está visto que no somos muy partidarios de lo malo conocido y sí lo suficientemente ingenuos para depositar esperanzas en lo bueno por conocer. Dentro de unas horas saldremos de dudas y comprobaremos cómo termina el cuento.

Bifurcación al final de Hospital del Órbigo / Bivio alla fine di Hospital del Órbigo

Lo demás hasta casi llegar a las inmediaciones de Astorga, son diferentes poblaciones pequeñas que van apareciendo a lo largo de la vega del Órbigo. Mucha panorámica rural, de nuevo árboles frutales (que son siempre una alegría para la vista), pero también tramos pedregosos y bajadas lo suficientemente pronunciadas para que me acuerde de mis pies maltrechos. Aunque las ampollas las noté ayer por primera vez, hoy se manifiestan con toda su crudeza. Me acompaña una quemazón constante que me hace pensármelo dos veces antes de plantar el pie, tratando de evitar las irregularidades del terreno en la medida de lo posible. Un grupo numeroso de ciclistas desenfrenados nos adelanta con tanto ímpetu que tenemos que echarnos a un lado para evitar un accidente desagradable. Aparecen en varias tandas y llegan con esa actitud típica de quienes se creen los amos del camino.

Poco después de superar el kilómetro 20 llegamos a la cruz de Santo Toribio, el punto más alto de la etapa, desde donde se divisa la ciudad de Astorga y los Montes de León, con su cumbre más alta, el monte Teleno, visible en el horizonte. Inmediatamente después, una cuesta abajo bastante pronunciada nos conduce a San Justo de la Vega, y desde allí, aunque el caminante se cree que ya está entrando en la ciudad, quedan aún cuatro kilómetros casi en línea recta, durante los cuales hay que superar la vía del tren (línea Palencia – La Coruña), por medio de una pasarela peatonal. Pero con paciencia todo llega, y el anuncio de ASTURICA AUGUSTA rejuvenece el ánimo. Por cierto, esta visión sugestiva del nombre latino de la ciudad antigua llega en el preciso momento en que nos incorporamos de nuevo a la N-120. Imposible escapar de un destino escrito en todas las guías.

Manzano en la vega del río Órbigo / Albero di mele sulla pianura del fiume Órbigo

Aun así, hemos de caminar durante otro cuarto de hora, más o menos, para llegar a nuestro alojamiento de turno, que en este caso no es un albergue sino un hotel de dos estrellas, pues ya que hoy tenemos algo que celebrar, aprovechamos la ocasión para tirar la casa por la ventana. El establecimiento nos parece lujo asiático, está impoluto, es acogedor y luminoso, el tacto de sus sábanas se nos antoja caricia celestial. Las puertas de las habitaciones están decoradas con pentagramas de líneas curvas que recuerdan su nombre: Imprenta musical. Buena elección, sin duda. Antes de llegar hasta allí, hemos entrado al centro por la carretera de León y la calle de García Prieto, hemos tenido tiempo para ir a la farmacia (tiritas varias, esparadrapo y yodo con que arreglar el desaguisado de mis ampollas sui generis) y hemos localizado una lavandería por donde pasar más tarde. Como llegamos sobre las dos, tenemos tres horas más que ayer para descansar un poco antes de buscar un lugar para almorzar (después de lo de ayer, lo de hoy nos parece un paseíto). Lo hacemos después de las tres y media en bar-restaurante vasco de la Plaza de España, aunque conscientes de que tenemos que dejar espacio para la cena de esta noche (excepción que bien merece este día señalado de nuestra ruta). Vamos en plan frugal y nos conformamos con unas zamburiñas y una ración de morcilla de León, curiosidad a la que no soy capaz de resistirme, para el escándalo algo aprensivo y asqueroso del escudero. Se unta en este caso la morcilla más que cortarse y, aunque me gusta, tengo algo de dificultad para terminarme casi toda la ración yo solo, dada la resistencia decidida del otro comensal ante la grasa y la sangre ajenas. Menos mal que la sidra nos ayuda a terminar la tarea, pues limpia el gaznate y prepara el espacio para más cantidad de lo mismo.

Paisaje en las inmediaciones de San Justo de la Vega / Paesaggio nei pressi di San Justo de la Vega

Después del almuerzo (que resultó excesivo para nuestros planes iniciales) tuvimos tiempo para volver al hotel, descansar y prepararnos otra vez para dar una vuelta por el centro de la ciudad. Otro lujo poder admirar la catedral, la iglesia de Santa María y el Palacio de Gaudí, probar el chocolate local (de ese de hincarle el diente, no de beber en taza) y disfrutar de las calles llenas de gente que se daba un garbeo por el verano suave de la zona. Era un buen preludio para nuestra celebración posterior en el restaurante Serrano, donde nos esperaba un entorno ideal para brindar y regalar nuevos estímulos a los sentidos. La acogida, cordial y familiar; la materia prima, excelente; la elaboración, perfecta. Alguna combinación de ingredientes original, como los garbanzos de pico pardal con pulpo a feira (según la receta de la bisabuela de Míriam, que nos lo explicó orgullosa de sus ancestros). En fin, una velada de excepción para volver al día siguiente a las estrecheces del camino. Es cierto que sarna con gusto no pica, pero se sabe que el gusto está en la variedad.

Ciclistas desenfrenados / Ciclisti scatenati

Pensamientos del día

1. No hay temor nocturno que resista un amanecer en condiciones.

2. El mejor entrenamiento para un gran desafío es un desafío aún mayor.   

3. Cualquier excusa es buena para celebrar, pero se disfruta más cuando no necesitas excusa.
Fuego en los pies,
leyendas medievales
y recompensas.

Índice de entradas

Poema de Travesía

Cuando hace un par de años hice el Camino sin hacerlo, cuando me imaginé cómo sería completar todas las etapas que llevan de Saint Jean Pied de Port a Compostela, tenía muy claro que debía dedicarle un poema a las estrellas. O, más que a las estrellas en sí mismas, a la observación que de ellas hace un pobre ser humano mortal, como tantos otros antes que él. Observación y admiración de esos astros desperdigados por el infinito más inabarcable que, después de la pérdida de aliento momentánea motivada por el asombro, dan paso a inquietudes más profundas, a preguntas sin respuesta, a meditaciones que se enredan y alargan sin llegar a ningún sitio.

No sé muy bien por qué decidí situar esa experiencia en la etapa de Astorga, pues bien podría haberla colocado en otra diferente. De hecho, en el Camino real no ha habido observación alguna por estos lares, y sí previamente en otros lugares como Hontanas o Boadilla del Camino, que ni siquiera podía imaginar cómo eran antes de pisarlos. El Camino, pues, tiene esas cosas. Por mucho que hayas planificado, leído, pensado en él antes de venir, la realidad siempre es una dimensión diferente a lo que surge y se desarrolla en la cabeza. Y, bien mirado, es una suerte, porque la existencia sería enormemente monótona si la realidad no pudiera superar nunca la ficción.

En cualquier caso, sí que hay un indicio en el poema de hoy de por qué se me ocurrió escribir precisamente aquí de las estrellas. «Ya que la senda es fácil / y el desnivel no es tanto / como en otras jornadas precedentes, / la vista apunta al cielo y se entretiene / cuando llega la noche y el cansancio / no te abraza enseguida«. Es decir, justo en el momento en que el día a día no requiere excesivos esfuerzos es cuando el ser humano se puede permitir el lujo de mirar al cielo. Y ese mirar al cielo (el pensamiento, la reflexión, el arte, la ciencia, el saber…) produce una serie de descubrimientos que lo hacen crecer, despegarse de la dimensión puramente animal o física y desarrollar esa otra más elevada y compleja que lo hace aproximarse a una entidad superior. O lo que es lo mismo, sin tener satisfechas las necesidades más básicas (la nutrición más elemental, el reposo, el abrigo, la seguridad) no podrá nunca el ser humano dar lo mejor de sí, ser también creador y vislumbrar nuevas luces que alumbren el futuro de la especie. Por eso es tan importante garantizar que cada persona tenga siempre un techo, un plato lleno, una cama en la que descansar cada noche. Para que a partir de ahí crezca y disfrute de lo que significa ser algo más que un homínido aventajado en la vorágine de la Creación.

Cruz de Sto. Toribio cerca de San Justo de la Vega / Croce di San Toribio nei pressi di San Justo de la Vega
Estrellas

Oh, la noche que lanza sus estrellas
desde almenas celestes.

Claudio Rodríguez

Es imposible
escribir sobre el cielo y las estrellas 
sin repetir lo que otros escribieron. 
Lo que ya los sumerios detallaron, 
babilonios y chinos,
griegos, incas e hindúes.
Ya que la senda es fácil
y el desnivel no es tanto
como en otras jornadas precedentes, 
la vista apunta al cielo y se entretiene 
cuando llega la noche y el cansancio 
no te abraza enseguida.

En la tierra de Astorga 
contemplarlas resulta inevitable. 
Sobra el tiempo si observas
las siluetas que trazan en la esfera.
Algo en ellas
hace que no comprendas: ¿Órganos o planetas?
¿huesos? ¿constelaciones? ¿fluidos, nebulosas? ¿arterias o cometas?

Este océano oscuro y sus espejos
me acercan enseguida a mis ancestros. 
Siento sus ojos fijos,
su pulso acelerado, su asombro incontenible, 
y las mismas preguntas asaltándonos. 
¿Astrónomos o médicos? ¿físicos o teólogos? 
¿fuera o adentro? ¿el cuerpo o el universo?

Cuando los siglos pasen,
otro ser indefenso y sin respuestas 
pretenderá saber si sus preguntas 
suenan como las mías.
Estrellas

[ITALIANO]

Battaglie medievali e lussi contemporanei

Posso dire che di solito non faccio molta fatica a svegliarmi e mettermi in moto, ma dopo le notti come quest’ultima, in cui le sonate per soffietto e polmone hanno sorvolato liberamente lo spazio, più che non aver fatto fatica, non vedevo l’ora che arrivasse l’istante di iniziare a camminare o, almeno, di uscire dalla camerata. Girarmi a letto non mi è mai sembrato un intrattenimento valido. Inoltre, oggi dovevo controllare lo stato di quelle vesciche strane che mi sono venute fuori e speravo non diventassero un ostacolo troppo difficile da aggirare. Quando è arrivato il momento giusto, sono uscito in giardino e le ho coperte con delle garze per attenuare il possibile sfregamento della giornata… non lo so se è stata una buona idea. Quando torno in stanza, lo scudiero è seduto sul suo letto di sotto e mi fa vedere tra il divertito e il deluso i resti della palla da tennis comprata ieri: tutta schiacciata e deforme come metafora di una missione impossibile. Siccome non possiamo fare rumore perché c’è ancora chi dorme, non serve aggiungere alcun commento sulla qualità del prodotto. Mi viene in mente che devo dirgli qualcosa e pronuncio sottovoce nella penombra una parola propria del giorno che sta per iniziare: auguri. Oggi è il suo compleanno.

Letrero con el nombre de la ciudad romana a la entrada de Astorga / Insegna col nome della città romana all’ingresso di Astorga.

Quando usciamo da La Casa Verde tutto è calmo e il cielo è sereno. Ci mettiamo un paio di minuti ad arrivare di nuovo alla statale N-120, che ci ha fatto ieri da riferimento durante quasi tutta la giornata e minaccia di diventare anche oggi un supplizio monotono al ritmo di motori vari. Infatti, durante più di sei chilometri non facciamo altro che continuare a camminare sul marciapiede, oppure sulla via secondaria parallela alla strada. In più, un’atmosfera onirica fa sì che quella prima tratta sembri in qualche modo sospetta, come se nascondesse qualcosa di brutto che non possiamo controllare e che potrebbe rovinarci la giornata: la notte moribonda, la luna piena, le macchine impazzite che appaiono all’improvviso e scompaiono qualche secondo dopo a tutta velocità, come se chi sta alla guida non potesse resistere all’impulso di premere l’acceleratore più del necessario… Man mano che il panorama è inondato dalla luce che ci arriva da dietro, i fantasmi svaniscono e le paure scompaiono del tutto. Ci allontaniamo, finalmente, dalla statale e poco dopo arriviamo a Puente de Órbigo. Facciamo colazione e, pochi metri più in là, mettiamo piede sul ponte del Passo honroso.

Per fortuna non siamo nell’estate del 1434, quindi possiamo attraversarlo senza dover batterci contro il cavaliere don Suero de Quiñones. Essendo poco inclini alla battaglia, avremmo avuto soltanto due opzioni: evitare lo scontro cercando di superare il fiume con l’acqua dell’Orbigo alla gola, lasciando in eredità il disonore della nostra stirpe, oppure subire una sconfitta certa, chi sa se con le ossa rotte, o perdendo addirittura la vita. Anche se, a dire il vero, ci resterebbe una terza strategia per uscire dall’impasse: mostrare la credenziale che ci identifica come pellegrini sulla strada verso Santiago. Chi l’avrebbe mai detto: oltre a permetterci di accedere agli ostelli, è quasi un passaporto diplomatico molto utile quando le cose si mettono male.

Dopo il ponte ci troviamo a Hospital de Órbigo, seguiamo il percorso dell’antica strada romana (e più tardi medievale) e, quando arriviamo alla fine del paese, un graffito sull’asfalto ci dà due opzioni per continuare: se proseguiamo nella stessa direzione, ci aspetta un’esperienza simile a quella di ieri (la strada), e se andiamo a destra, prenderemo un via sterrata. Visti i precedenti, non esitiamo a scegliere la seconda opzione, sperando di non finire nella casa di una nonnina che con voce stranamente grave e roca ci risponda «per mangiarti meglio». È ovvio che, più che confidare negli eventuali benefici dell’ignoto, preferiamo affidarci alle gioie moderate del noto. Fra qualche ora ci toglieremo ogni dubbio e scopriremo come andrà a finire la favola.

Catedral de Astorga. Foto de Andrea Zuppa.

Fino ai dintorni di Astorga, passiamo ancora diverse piccole località che sorgono lungo la pianura dell’Órbigo. Molte panoramiche rurali, di nuovo i frutteti (sempre una gioia per la vista), ma anche pezzi di strada sassosi e forti pendenze in discesa che mi fanno ricordare i miei malconci piedi . Anche se le vesciche le ho notate ieri per la prima volta, oggi si fanno sentire con tutta la loro brutalità. Mi accompagna un bruciore costante, per cui ci penso due volte prima di piantare il piede per terra, cercando di evitare le irregolarità del terreno per quanto possibile. Un gruppo numeroso di ciclisti sfrenati ci sorpassa a così tanta velocità che dobbiamo spostarci per evitare un brutto incidente. Arrivano in varie ondate e con quell’atteggiamento tipico di chi crede di essere il padrone della strada .

Poco dopo aver superato il chilometro 20 arriviamo alla croce di San Toribio, il punto più alto della tappa, da dove si scorgono la città di Astorga e i Montes de León, con la sua cima più alta, il monte Teleno, che si può vedere sull’orizzonte. Subito dopo, una discesa abbastanza pronunciata ci porta a San Justo de la Vega, e da lì, anche se il camminatore pensa stia per entrare in città, restano ancora quattro chilometri quasi in linea retta, durante i quali bisogna superare la ferrovia (linea Palencia – La Coruña), per mezzo di un sovrappasso pedonale. Ma con pazienza tutto arriva, e vedere l’insegna di ASTURICA AUGUSTA fa ringiovanire l’animo. A proposito, questa visione suggestiva del nome latino della città antica arriva proprio quando ci incorporiamo di nuovo alla Statale 120. Impossibile scappare da un destino scritto su tutte le guide.

Iglesia de Santa María de Astorga. Foto de Andrea Zuppa.

Comunque, dobbiamo camminare ancora per un quarto d’ora circa per arrivare al nostro alloggio, che oggi non è un ostello ma un albergo a due stelle, perché dato che abbiamo qualcosa da festeggiare, approfittiamo dell’occasione per spendere e spandere. Il locale ci sembra di lusso asiatico, è immacolato, accogliente e luminoso, al tatto le lenzuola ci sembrano una carezza celestiale. Le porte delle stanze sono decorate con pentagrammi di linee curve che rammentano il suo nome: Imprenta musical. Ottima scelta, senza dubbio. Prima di arrivarci siamo entrati nel centro città per la strada di León e la via García Prieto, abbiamo avuto il tempo per andare in farmacia (cerotti di vario tipo e soluzione di iodio per sistemare il casino delle mie vesciche sui generis) e abbiamo trovato una lavanderia dove ritornare più tardi. Siccome arriviamo alle due del pomeriggio, abbiamo tre ore in più di ieri per riposarci un po’ prima di cercare un posto per pranzare (dopo la giornata di ieri, quella di oggi ci è sembrata una passeggiatina). Lo facciamo dopo le tre e mezzo in un bar-ristorante basco sulla Piazza di Spagna, anche se consapevoli del fatto che dobbiamo lasciare spazio per la cena di stasera (eccezione che merita senz’altro questa giornata speciale del nostro itinerario). Oggi siamo per il frugale e ci accontentiamo con delle piccole capesante chiamate zamburiñas e una porzione di morcilla (sanguinaccio) de León , curiosità che non sono in grado di resistere, causando lo scandalo un po’ schizzinoso e schifato dello scudiero. Si spalma in questo caso il sanguinaccio invece di tagliarsi e, anche se mi piace, faccio fatica a finirlo da solo, vista la resistenza decisa dell’altro commensale davanti al grasso e al sangue altrui. Meno male che il sidro ci aiuta a finire il compito, dato che pulisce la gola e prepara lo spazio per riceverne altro.

Detalle del Palacio Gaudí de Astorga. Foto de Andrea Zuppa.
Palacio Gaudí de Astorga. Foto de Andrea Zuppa.

Dopo il pranzo (che alla fine è stato eccessivo per la nostra idea iniziale) abbiamo tempo per tornare in albergo, riposarci e prepararci di nuovo per fare un giro in centro. Un altro lusso poter ammirare la cattedrale, la chiesa di Santa Maria e il Palazzo di Gaudì, assaggiare la cioccolata locale (da mordere, non da bere in tazza) e goderci le strade piene di gente che passeggiava per l’estate mite della zona. Era un buon preludio per il nostro festeggiamento posteriore nel ristorante Serrano, dove ci aspettava un’atmosfera ideale per brindare e concedere nuovi stimoli pregiati ai nostri sensi. L’accoglienza cordiale e famigliare, la materia prima eccellente, l’elaborazione perfetta. Qualche combinazione di ingredienti originale, come i ceci di pico pardal con polpo alla galiziana (secondo la ricetta della bisnonna di Miriam, che ce l’ha spiegato orgogliosa dei suoi antenati). Insomma, una serata eccezionale prima di tornare alle ristrettezze del Cammino. È vero che quello che si fa con piacere non è fatica, ma d’altra parte, se ci piace il mondo è perché è vario.

Gurdos rosado Pietro Picudo DO León

Pensieri del giorno

1. Nessun timore notturno resiste al mattino giusto.

2. Il miglior allenamento per una grande sfida è una sfida più grande.

3. Qualsiasi motivo va bene per festeggiare, ma è più divertente quando non hai bisogno di scuse.
Fuoco sui piedi,
leggende medievali
e ricompense.

Indice del blog

Poesia di Travesía

Quando qualche anno fa ho fatto il Cammino senza farlo, quando mi sono immaginato come sarebbe stato completare tutte le tappe che portano da Saint Jean Pied de Port a Compostella, non avevo dubbi che dovevo dedicare una poesia alle stelle. O più che alle stelle, all’osservazione che di queste fa un povero essere umano mortale, come tanti altri prima di lui. Osservazione e ammirazione di quegli astri sparsi per l’infinito più inafferrabile che, dopo quella mancanza di respiro momentanea dovuta allo stupore, lasciano spazio a delle inquietudini più profonde, a domande senza risposta, a meditazioni che si aggrovigliano e si allungano senza arrivare da nessuna parte.

Non so perché ho deciso di situare quella esperienza nella tappa di Astorga, avrei potuto collocarla altrove. Infatti, sul Cammino reale non c’è stata alcuna osservazione da queste parti, e invece ce ne sono state precedentemente in altri posti come Hontanas o Boadilla del Camino, che non potevo nemmeno immaginare come fossero prima di metterci piede. Il Cammino, dunque, è proprio così. Per quanto tu lo abbia pianificato, ne abbia letto, ci abbia pensato prima di farlo, la realtà è sempre una dimensione diversa di quello che sorge e si sviluppa nella testa. E, a ben vedere, ci si dovrebbe sentire fortunati, perché l’esistenza sarebbe enormemente monotona se la realtà non potesse mai superare la fantasia.

In ogni caso, sì che c’è un indizio nella poesia di oggi del perché mi è venuto in mente di scrivere proprio qui sulle stelle. «Poiché il sentiero è facile / e la pendenza non tanto pronunciata / come in altre giornate precedenti, / lo sguardo punta al cielo e si trattiene / quando arriva la notte e la stanchezza / non ti abbraccia all’istante«. Vale a dire, è proprio nel momento in cui la quotidianità non richiede degli sforzi eccessivi che l’essere umano può permettersi di guardare in cielo. E quel guardare in cielo (il pensiero, la riflessione, l’arte, la scienza, il sapere…) produce una serie di scoperte che lo fanno crescere, staccarsi dalla dimensione puramente animale o fisica e sviluppare quell’altra più elevata e complessa che gli permette di avvicinarsi a un’entità superiore. O, detto in un altro modo, senza aver soddisfatto i bisogni più basilari (la nutrizione più elementare, il riposo, il riparo, la sicurezza) non potrà mai l’essere umano dare il meglio di sé, diventare anche creatore e intravedere nuove luci che illuminino il futuro della specie. Perciò è così importante garantire che ogni persona abbia sempre un tetto, un piatto pieno, un letto in cui riposarsi la notte. Perché possa crescere e godersi quello che significa essere qualcosa di più di un ominide avvantaggiato nella voragine della Creazione.

Stelle

Oh, la noche que lanza sus estrellas
desde almenas celestes.

Claudio Rodríguez

È impossibile
scrivere sul cielo e sulle stelle
senza ripetere quello che altri hanno già scritto. 
Quello che già i sumeri precisarono,
babilonesi e cinesi,
greci, inca e indù.
Poiché il sentiero è facile
e la pendenza non tanto pronunciata
come in altre giornate precedenti,
lo sguardo punta al cielo e si trattiene
quando arriva la notte e la stanchezza
non ti abbraccia all'istante.

Nella terra di Astorga
contemplarle diventa inevitabile.
Non esiste più il tempo quando osservi 
le sagome che sulla sfera tracciano.
Qualcosa in loro
fa che tu non capisca: Organi o pianeti?
Ossa? Costellazioni? Fluidi, nebulose? Arterie o comete?

Quest’oceano buio e i suoi specchi
mi avvicinano ai miei antenati.
Sento che mi fissano,
il loro battito accelerato, il loro stupore incontenibile, 
e le stesse domande che ci assalgono.
Astronomi o medici? Fisici o teologi? 
Fuori o dentro? Il corpo o l’universo?

Col passare dei secoli,
un altro essere indifeso e senza risposte 
vorrà sapere se le sue domande 
suonano come le mie.
Stelle

2 comentarios sobre “El Camino Inverso / Il Cammino Inverso – Jornada 20ª / Giornata 20ma: San Martín del Camino – Astorga

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