El Camino Inverso / Il Cammino Inverso – Jornada 19ª / Giornata 19ma: Arcahueja – San Martín del Camino

Km: 32,9 – km totales: 490,7 – ampollas / vesciche: 2 – totales: 3

Perfil de etapa. Guía Eroski Consumer / Profilo di tappa. Guida Eroski Consumer
Resumen de la etapa / Riassunto della tappa
Vídeo de la etapa realizado por el escudero / Video della tappa realizzato dallo scudiero

[ESPAÑOL]

Una recta interminable

La jornada de hoy empieza en Arcahueja gracias a los cambios introducidos sobre la marcha. De este modo, ayer anduvimos menos de lo esperado, pero hoy habrá un añadido respecto al plan inicial: casi 33 km en lugar de los veintiséis previstos inicialmente, lo que la convierte (salvo sorpresas), en la etapa más larga. De Arcahueja salimos poco después de las seis de la mañana, y la compañera coreana, con la que no hemos intercambiado más que saludos breves, se levanta cuando nosotros estamos a punto de iniciar nuestro camino. A última hora de ayer llegó también un peregrino español que iba solo y, harto de andar, decidió improvisando que dormiría en el mismo albergue que nosotros. Tuvimos la ocasión de conversar un poco y él de dejarnos claro torciendo el gesto que no aprobaba la decisión de deshacernos de las mochilas hasta la próxima estación.

Ponemos rumbo a León casi a tientas, debido a la oscuridad propia del momento, que hace necesarias las linternas en cuanto nos alejamos del municipio y dejamos de estar alumbrados por las farolas. Cuando se acaba el campo y pasamos algún pequeño núcleo urbano con casas sin rasgos particularmente distintivos, empieza una zona industrial hecha de naves anónimas y algunas estaciones de servicio. La ciudad se divisa a lo lejos mucho antes de que entremos en ella, e incluso cuando una señal nos indica que ya estamos allí, poco después de recorrer el puente peatonal por una una vía paralela al Puente Castro, tardamos aún bastante en llegar al casco antiguo.

El Puente Castro sobre el río Torío / Il Ponte Castro sul fiume Torío. León.

Nos introducimos en la ciudad por la avenida del Alcalde Miguel Castaño y, al llegar a la altura de la Parroquia de Santa Ana, nos desviamos a la derecha y tomamos la calle dedicada a la misma santa, hasta la de la Misericordia. En ese punto del camino se percibe que los edificios típicos de los años sesenta han dado paso a otros más antiguos, construcciones más bajas que sugieren que nos estamos acercando al centro histórico. Inicia una cuesta poco empinada y un pavimento de adoquines planos y bien conservados, que probablemente tienen pocos años. Tomamos la primera calle a la derecha, la de Santa Cruz, donde el espacio se va haciendo angosto y el recorrido se curva suavemente hacia el corazón de la ciudad. Fachadas de diferentes medidas: anchas, estrechísimas, de dos o tres pisos a lo sumo. Algunas de ladrillo y otras de piedra natural a la vista. Balcones de hierro y ventanas de madera. Muchos de los locales de la planta baja son bares o pubs que es fácil imaginarse a otra hora en medio de un ambiente muy distinto: jóvenes que entran y salen, música alta que se propaga por las callejuelas. Y mientras imaginamos esos mismos lugares un viernes por la noche del mes de octubre o noviembre, por ejemplo, cuando los estudiantes ya han empezado el curso y se entregan al fin de semana como quien arriba a un puerto deseado, llegamos a la Plaza Mayor. Hemos tardado más de media hora desde el Puente Castro, pero la paciencia ha tenido su recompensa.

La Plaza Mayor de León es hermosa. Su piedra y su estética recuerdan un poco a la de Salamanca y en parte también a la de Madrid. Es de planta cuadrangular y está porticada casi completamente (excepto en un tramo del lado oeste, que coincide con la fachada del Antiguo Consistorio). A esta hora temprana de un día del mes de agosto, parece estar despertándose después de una noche tranquila. Las cafeterías empiezan a abrir poco a poco y algunas personas cruzan a pie el centro de la plaza o las calles adyacentes. En uno de los balcones del primer piso del Antiguo Consistorio (que, parece ser, nunca fue realmente el ayuntamiento) han colgado una pancarta que nos confirma que las numerosas pintadas de «León sin Castilla» que hemos visto a lo largo del Camino no son una ocurrencia popular, sino un anhelo institucional que pretende ser satisfecho más pronto que tarde:

Por la autonomía de la Región Leonesa

Por el derecho del pueblo leonés a decidir su futuro

Moción por la autonomía (Diciembre 2019 – Diciembre 2021)
Antiguo Consistorio de León / Vecchio Municipio di León

Aunque me considero ignorante en la materia, me pregunto de dónde salió la voluntad de que la antigua región de León (con las provincias de León, Zamora y Salamanca, que me tocó estudiar en la escuela y que estuvo vigente hasta 1983) se integrara en Castilla, para formar Castilla y León. Si al final se consumó la fusión, ¿se hizo contra la voluntad popular? ¿O lo que sucede es que, siendo pocos los que desean volver a la división administrativa anterior, se preocupan de hacer el ruido necesario para que se hable de ello? No lo sé. Pero a mí me parece que, desde hace siglos, León es una cosa y Castilla, otra. Aunque cercanas y con muchas relaciones entre ellas que, probablemente, las emparientan y hacen que compartan algunos rasgos, quizá habría que darles la oportunidad a los leoneses de manifestarse oficialmente al respecto.

Pero no nos metamos en camisa de once varas. Fijémonos en aquello que aparece a lo lejos, al final de la calle Mariano Domínguez Berrueta, cuyas estrecheces la hacen algo oscura, pero que desemboca enseguida en la plaza Regla, donde estalla la luz, más intensa conforme avanza la mañana. Acabamos de llegar a uno de los hitos de nuestro viaje, sin duda alguna. Muchos inician aquí su periplo hacia Santiago, llamados tal vez por la fama y el prestigio de lo que acabamos de descubrir ante nuestros ojos: la catedral de León. Impresionante. Una obra maestra que podría contemplarse durante horas sin perder el entusiasmo ni el estupor propios de quien admira la belleza indiscutible. Nos sentamos a desayunar en una de las terrazas de la misma plaza, situadas estratégicamente alrededor del templo para servir de mirador y distraer al viajero sorprendido. De hecho, el precio de la consumición se parece al de la entrada de un espectáculo y no tanto a lo que se paga normalmente por un café y algo de bollería para engañar el estómago. Qué más da. Dentro de unos años nos acordaremos solo de ella: la gran señora que seduce a los que quieran contemplarla con la indiferencia de una verdadera diva acostumbrada a los focos.

Fra le righe / Entre líneas, de Andrea Zuppa

Después de un rato nos levantamos y nos acercamos a la fachada principal del templo, pero no se permiten aún las visitas, por lo que tenemos que renunciar a recorrerla por dentro, si no queremos retrasar demasiado nuestro final de jornada. Hoy precisamente, en nuestra caminata más larga, no parece sensato intensificar los esfuerzos. Más de lo mismo. El Camino exige decisiones no siempre fáciles. También León merece una visita pausada, pues no es meramente una ciudad de paso. Otra vez será. Pero al menos desde fuera podemos detenernos en algunos detalles. Será como un abrazo de despedida hasta que nos veamos de nuevo.

Vista lateral de la Catedral de León / Vista laterale della Cattedrale di León
La grande signora, di Andrea Zuppa

Pero León no se acaba en su catedral, y aún podemos permitirnos el lujo de entretenernos un poco, así que, después de dejar la plaza Regla, buscamos la Basílica de San Isidoro y el Convento de San Marcos. La primera, es un templo románico célebre, entre otras cosas, porque en su Panteón Real se conservan los restos de la mayor parte de los reyes, reinas e infantes de León (lo cual nos recuerda a nuestro amigo Javier, que hace dos días, en Sahagún, nos hizo un alegato a favor de todo lo leonés, con especial mención de este lugar). El segundo, originariamente un edificio medieval creado como hospital de peregrinos, se ha convertido con el paso del tiempo en algo muy diferente. La sobriedad que debiera tener en un principio, acorde con su finalidad primera de ser el refugio de los más pobres, se ha transformado en una grandiosidad plateresca que casi corta la respiración y plantea al viajero un problema irresoluble: en qué punto colocarse para tomar la foto. Si la fachada resulta inabarcable, los precios de este Parador de Turismo de cinco estrellas también lo serán, sin duda, para la mayoría de los mortales. Por lo menos, parece que se organizan visitas guiadas al alcance de todos los bolsillos. Qué menos para un edificio que surgió a las afueras de la ciudad amurallada, en un lugar que debía de ser un extrarradio innoble, y al que los acaudalados y los burgueses de la época no se acercarían ni por equivocación. Lo admiramos desde fuera y, como de costumbre, lamentamos no haber podido organizar nuestro viaje de otra manera. Tenemos que seguir adelante. Atravesamos el río Bernesga por el puente romano de San Marcos, aledaño a la plaza, y dirigimos nuestra atención a lo que nos espera más allá.

Como era previsible, a partir de León todo es cuesta abajo. Y no me refiero a posibles esfuerzos físicos o mentales, pues estos no son pocos, debido a la extensión de la jornada y al sol de justicia, que en el tramo final nos hará desear llegar cuanto antes. Hablo más bien de la intensidad de sensaciones, de la emoción que acompaña a cada paso, que después de abandonar León decaen sin remedio. Los municipios que vamos recorriendo y tachando mentalmente en nuestra guía se suceden sin que notemos entre ellos interrupción alguna de aceras, edificios o tráfico rodado. La periferia leonesa es una sierpe urbanizada que parece no tener fin. Nos sirven como reposo del espíritu algunos lugares que merecen nuestra atención y otros que, sin merecerla, la reciben igualmente. Es una manera de crear capítulos donde parece no haberlos. De hacer pequeñas pausas que nos ayuden a tomar impulso.

El primero es la ermita de Santiago, en Trobajo del Camino, pequeña iglesia situada en el tramo de la calle Real de la misma localidad, donde nos sellan la credencial. El segundo es el Santuario de la Virgen del Camino, templo de finales de los años cincuenta, cuya fachada llama la atención por las esculturas de Josep María Subirachs, que representan a los doce apóstoles y la Virgen María el día de Pentecostés. Poco antes de llegar hasta él, entramos en un bazar chino, pues al escudero se le ha ocurrido buscar entre sus estantes una pelota de tenis, ya que desde Burgos arrastra la recomendación de darse masajes en la planta del pie con una de ellas. La pelota que compró en una juguetería de aquella ciudad resultó ser demasiado blanda como para surtir efecto alguno, de modo que él no ceja en su empeño de encontrar otra que funcione mejor. Parece que la ha encontrado.

La última parada importante del día la hacemos para comer en San Miguel del Camino, concretamente en una especie de chiringuito de ladrillo con mesas fuera que se llama Oasis KneleB, donde descansamos de la caminata y reponemos fuerzas durante un buen rato. Como siento los pies bastante cansados y un picor extraño en el talón del pie derecho, me descalzo y me bajo un poco los calcetines para echarle un vistazo. Para mi sorpresa, el picor en cuestión coincide con dos puntos rojos: uno en el borde del talón, casi a ras de suelo, y el segundo pegado al tobillo. Lugares y aspecto raros para una ampolla ―pienso. Pero debe de ser que el Camino te sorprende también en las pequeñas cosas. Tampoco la sensación desagradable que producen son las que uno se espera en estos casos. Es un picor punzante, con algo de escozor asociado… En fin, a ver cómo evoluciona la cosa.

Después del refrigerio, nos quedan dos horas y media de la misma línea recta monótona y bulliciosa: la carretera N-120, que seguimos con disciplina desde poco después de dejar atrás León. Solo la abandonamos por unos minutos al llegar a Villadangos del Páramo, donde nos desviamos por su calle Real para tomar poco después un sendero arbolado que nos lleva otra vez hasta la misma carretera (fue bello el espejismo de dejar a un lado el tráfico). Esta vez la cruzamos para continuar por la acera de la izquierda. Por suerte, desde este momento nos acompaña una acequia cuya corriente nos paramos a escuchar bajo cada una de las sombras que nos protegen del sol, sofocante a las cuatro y media de la tarde. Nunca hemos tardado tanto en llegar a un albergue. La Casa Verde nos espera en San Martín, pasadas las cinco, con sus pequeños espacios acogedores y su patio refrescante. Ya descansan en las literas peregrinos de las más variadas procedencias, alguno de los cuales nos obsequiará esta noche con un concierto gratuito de ronquidos sinfónicos. Es la generosidad impagable del Camino, justo lo que necesitábamos después de una jornada intensa, que en algún momento nos ha dado el máximo pidiéndonos a cambio el mismo nivel de exigencia. Como la vida misma.

Basílica de San Isidoro

Pensamientos del día

1. En el Camino, como en la vida, se lucha contra la prisa y casi siempre se pierde la batalla.

2. No hay beneficio sin sacrificio (por desgracia).

3. Quien esté libre de ampollas, que se deshaga de la primera tirita.
Ene uno veinte:
espíritu de río,
nervios de asfalto.

Índice de entradas

[ITALIANO]

Una retta infinita

La giornata di oggi comincia ad Arcahueja grazie ai cambiamenti introdotti strada facendo. Così, ieri abbiamo camminato meno di quanto ci eravamo programmati, ma oggi ci sarà un’aggiunta rispetto al progetto iniziale: quasi 33 km invece dei 26 previsti in un primo momento, il che fa diventare la tappa (se non ci sono sorprese) quella più lunga. Da Arcahueja partiamo poco dopo le sei del mattino, e la compagna coreana, con la quale abbiamo scambiato soltanto qualche saluto breve, si alza quando noi stiamo per fare il primo passo. Ieri sul tardi è arrivato anche un pellegrino spagnolo da solo e che, stufo di camminare, ha deciso, improvvisando, che avrebbe dormito nel nostro stesso ostello. Abbiamo avuto l’occasione di conversare un po’ e lui ha fatto chiaramente intendere che non approvava la nostra decisione di scaricare gli zaini fino alla stazione successiva.

Ci incamminiamo verso León quasi a tastoni, per via del buio del momento, che rende necessarie le torce non appena ci allontaniamo dalla località e non siamo più accompagnati dalla luce dei lampioni. Quando finisce la campagna e attraversiamo qualche piccolo nucleo urbano con delle case senza tratti particolarmente distintivi, comincia una zona industriale fatta di capannoni anonimi e di alcune aree di servizio. La città si vede da lontano molto prima di entrarci, e perfino quando un segnale ci indica che siamo dentro i suoi confini, poco dopo aver percorso il ponte pedonale parallelo al Puente Castro, ci mettiamo ancora un po’ ad arrivare alla città vecchia.

Cuerpo central de la fachada del convento de San Marcos.

Entriamo nella città per il viale del Alcalde Miguel Castaño e, arrivando all’altezza della parrocchia di Santa Ana, deviamo a destra e prendiamo la via dedicata alla stessa santa fino a quella della Misericordia. A questo punto della strada è chiaro che i palazzi tipici degli anni sessanta hanno lasciato il posto ad altri più vecchi, costruzioni più basse che suggeriscono che ci stiamo avvicinando al centro storico. Inizia una salita poco pronunciata e un pavimento di ciottoli piatti e ben conservati, che probabilmente sono anche abbastanza nuovi. Giriamo a destra per la via di Santa Cruz, dove lo spazio diventa pian piano più angusto e il percorso si curva leggermente in direzione al cuore della città. Facciate di diverse misure: larghe, strettissime, di due o tre piani al massimo, alcune fatte di mattoni a vista e altri di pietre naturali. Balconi di ferro e finestre di legno. Molti dei locali al piano terra sono dei bar o dei pub che è facile immaginare a un’altra ora in mezzo a un’atmosfera molto diversa: giovani che entrano ed escono, musica alta che si propaga fra i vicoli. E mentre immaginiamo quegli stessi luoghi un venerdì sera del mese di ottobre o novembre, ad esempio, quando l’anno accademico è già iniziato e gli studenti si arrendono davanti al fine settimana come chi giunge in un porto molto desiderato, arriviamo alla Plaza Mayor. Ci abbiamo messo più di mezz’ora dal Puente Castro, ma la pazienza è stata ripagata.

La Plaza Mayor di León è bellissima. La sua pietra e la sua estetica rammentano un po’ quella di Salamanca, e anche in parte quella di Madrid. È di pianta quadrangolare e porticata quasi completamente (eccetto in una tratta del lato ovest, in corrispondenza con la facciata del Vecchio Municipio). A quest’ora del mattino durante il mese di agosto, sembra svegliarsi dopo una notte tranquilla. Le caffetterie cominciano ad aprire pian piano e alcune persone attraversano a piede il centro della piazza o le strade circostanti. Su uno dei balconi del Vecchio Municipio (che risulta non essere mai stato veramente la sede del Comune) è stato appeso uno striscione come a confermarci che le numerose scritte «Il León senza la Castiglia», che abbiamo visto lungo il Cammino non siano una trovata popolare, ma bensì un’aspirazione istituzionale che vuole essere soddisfatta quanto prima:

Per l’autonomía della Regione di León

Per il diritto del popolo di León a decidere il suo futuro

Mozione per l’autonomía (Dicembre 2019 – Dicembre 2021)
Fachada del Convento de San Marcos / Facciata del Convento di San Marcos

Anche se mi considero ignorante in materia, mi chiedo da dove sia uscita la volontà che la vecchia regione di León (con le province di León, Zamora e Salamanca che ho dovuto studiare a scuola e che è stata in vigore fino al 1983) si integrasse nella Castiglia, per formare Castilla y León. Se alla fine si è consumata la fusione, è stata fatta contro la volontà popolare? O invece, quello che succede è che, essendo in pochi coloro che non vedono l’ora di ritornare alla divisione amministrativa precedente, si preoccupano di fare il rumore necessario perché se ne parli? Non lo so. Ma a me sembra che, da secoli, León sia una cosa e la Castiglia un’altra. Bensì vicine e con molti legami tra di loro che, probabilmente, le imparentano e le fanno assomigliare, magari bisognerebbe dare ai leoneses l’opportunità di esprimersi ufficialmente a riguardo.

Ma teniamoci lontani dai casini. Facciamo attenzione a quello che si profila un po’ più in là, alla fine della via Mariano Domínguez Berrueta, la cui improvvisa contrazione la rende un po’ buia, ma che confluisce subito nella piazza Regla, dove scoppia la luce, più intensa man mano che il mattino trascorre. Siamo appena arrivati in una delle chicche del nostro viaggio, senza alcun dubbio. Molti iniziano qui il loro pellegrinaggio verso Santiago, chiamati forse dalla fama e dal prestigio di quello che abbiamo appena scoperto davanti ai nostri occhi: la cattedrale di León. Impressionante. Un capolavoro che potrebbe essere ammirato per ore senza perdere né l’entusiasmo né lo stupore tipici di chi ammira la bellezza indiscutibile. Ci sediamo a fare colazione nei tavolini della stessa piazza, collocate strategicamente attorno al tempio come belvedere e per distrarre il viaggiatore sbalordito. Infatti, il prezzo della consumazione sembra quello del biglietto per uno spettacolo, e non tanto quello che di solito si paga per un caffè e un dolce. Non importa. Fra qualche anno ricorderemo soltanto lei: la grande signora che seduce coloro che vogliono contemplarla, con l’indifferenza di una vera diva abituata ai riflettori.

PRINCIPIUM ORDINIS S. JACOBI

Dopo un po’ ci alziamo e ci avviciniamo alla facciata principale, ma non sono permesse ancora le visite, per cui dobbiamo rinunciare a visitarla se non vogliamo ritardare troppo il nostro fine giornata. Proprio oggi, il giorno della nostra camminata più lunga, non sembra sensato intensificare gli sforzi. Ancora una volta. Il Cammino richiede delle decisioni non sempre facili. Anche León merita una visita tranquilla, è molto di più di una semplice città di passaggio. Sarà per un’altra volta. Ma almeno da fuori possiamo soffermarci in alcuni dettagli. Sarà come un abbraccio, un saluto finché non ci vediamo di nuovo.

Monumento al peregrino. Plaza de San Marcos de León / Monumento al pellegrino. Piazza San Marco di León
Río Bernesga / Fiume Bernesga

Ma León non finisce con la sua cattedrale, e possiamo ancora permetterci di trattenerci un po’. Quindi, dopo aver lasciato la piazza Regla, cerchiamo la Basilica di Sant’Isidoro e il Convento di San Marco. La prima è un tempio romanico celebre, tra le altre cose, perché nel suo Panteon Reale si conservano i resti della maggior parte dei re, regine e principi di León (e questo ci fa venire in mente Javier, che due giorni fa, a Sahagún, ha fatto una appassionata difesa di tutto quello che è legato a León, in particolare di questo luogo). Il secondo, originariamente una costruzione medievale creata come ospedale di pellegrini, col passare del tempo è diventata qualcosa di molto diverso. La sobrietà che avrà avuto in un principio, in sintonia con la sua prima finalità di essere il rifugio dei più poveri, si è trasformata in una grandiosità plateresca che lascia quasi senza fiato e pone al viaggiatore un problema irrisolvibile: individuare il posto giusto da dove fare la foto. Se la facciata è inafferrabile, i prezzi di questo Parador de Turismo a cinque stelle risulteranno irraggiungibili, senza dubbio, per la maggior parte dei mortali. Invece, sembra che si organizzino visite guidate a portata di tutte le tasche. Almeno quello per un edificio sorto nella periferia dietro le mura della città, in un luogo che sarà stato una specie di suburbio ignobile, a cui i benestanti e i borghesi dell’epoca non si saranno mai avvicinati neanche per sbaglio. Lo ammiriamo da fuori e, come al solito, ci dispiace non aver potuto organizzare il nostro viaggio in un altro modo. Dobbiamo andare avanti. Attraversiamo il fiume Bernesga per il ponte romano di San Marco, vicino alla piazza, e dirigiamo la nostra attenzione a quello che ci aspetta al di là.

Santuario Ntra. Sra. del Camino, con esculturas de Josep Maria Subirachs / Santuario di la Madonna del Cammino, con sculture di Josep Maria Subirachs.

Com’era prevedibile, a partire da León tutto è in discesa. E non parlo di possibili sforzi fisici o mentali, che non sono comunque piccoli, a causa della lunghezza della giornata e del sole spietato, che nella tratta finale ci farà desiderare un pronto arrivo. Parlo piuttosto dell’intensità delle sensazioni, dell’emozione che accompagna ogni passo, che dopo aver abbandonato León decadono inevitabilmente. Le località che attraversiamo e cancelliamo mentalmente sulla nostra guida si susseguono senza che notiamo alcuna interruzione nei marciapiedi, nei palazzi o nella circolazione stradale. La periferia di León è una serpe urbanizzata che sembra non avere una fine. Ci servono da riposo per lo spirito alcuni luoghi che meritano la nostra attenzione, così come altri che, senza meritarla, la ricevono altrettanto. È il modo di creare dei capitoli dove non ce ne sono. Di fare piccole pause che ci aiutino a mantenere lo slancio.

Il primo è la chiesetta di Santiago, a Trobajo del Camino, situata sulla sua via Real e dove ci timbrano la credenziale. Il secondo è il Santuario della Madonna del Cammino, costruito alla fine degli anni cinquanta, la cui facciata attira l’attenzione per via delle sculture di Josep María Subirachs, che rappresentano i dodici apostoli e la Madonna il giorno di Pentecoste. Poco prima di arrivarci entriamo in un negozio cinese, poiché che allo scudiero è venuto in mente di cercare tra i suoi scaffali una palla da tennis, perché si porta dietro da Burgos il consiglio di usarne una per massaggiare la pianta del piede. La palla che ha comprato in un negozio di giocattoli di quell’altra città è risultata essere troppo morbida per il suo scopo, ma lui non ha perso la speranza di trovarne una e ci prova ancora. Stavolta sembra che ci sia finalmente riuscito.

L’ultima fermata importante della giornata la facciamo per pranzare a San Miguel del Camino, ovvero in una specie di casetta di mattoni con i tavolini fuori che si chiama Oasis KneleB, dove ci riposiamo un bel po’ e ci rimettiamo in forze. Siccome sento i piedi abbastanza stanchi e mi da fastidio un prurito strano sul tallone del piede destro, mi tolgo gli scarponi e mi abbasso il calzino per darci un’occhiata. Per mia sorpresa, il prurito coincide con due punti rossi: uno sul bordo del tallone, quasi attaccato a terra, e il secondo vicino al calcagno. Posti e aspetto strano per una vescica ―penso. Sarà che il Cammino ti sorprende anche con le piccole cose. La sensazione sgradevole che producono non è nemmeno quella che ci si aspetterebbe in questi casi. Si tratta di un prurito pungente, con un po’ di bruciore associato…. Vabbè, vediamo come si evolve la cosa.

Acequia paralela a la carretera que lleva a San Martín del Camino /
Canale d’irrigazione parallelo alla strada che porta a San Martín del Camino

Dopo il rinfresco, abbiamo ancora davanti due ore e mezza della stessa linea retta monotona e rumorosa: la statale N-120, che seguiamo con disciplina quasi da León. L’abbandoniamo soltanto per qualche minuto a Villadangos del Páramo, dove prendiamo la via Real e poco dopo un sentiero alberato che ci porta un’altra volta fino alla stessa strada trafficata (è stato bello il breve miraggio di lasciare a un lato le macchine). Questa volta l’attraversiamo per proseguire sul lato opposto, a sinistra. Fortunatamente, da questo momento ci accompagna un canale d’irrigazione che ci fermiamo ad ascoltare sotto ogni ombra disponibile che ci protegge dal sole, asfissiante alle quattro e mezzo del pomeriggio. Non ci abbiamo mai messo così tanto per arrivare a un ostello. La Casa Verde ci aspetta a San Martín del Camino, dopo le cinque, con i suoi piccoli spazi accoglienti e il suo cortile rinfrescante. Si riposano già sui letti a castello i pellegrini delle più svariate provenienze, alcuni dei quali ci ossequierà stanotte con un concerto gratuito di russare sinfonico. È la generosità impagabile del Cammino, proprio quello di cui avevamo bisogno dopo una giornata intensa, che in alcuni momenti ci ha dato il massimo, richiedendoci poi in cambio lo stesso livello di esigenza. Proprio come succede nella vita.

Jardín de La Casa Verde, S. Martín del Camino / Giardino de La Casa Verde. S. Martín del Camino

Pensieri del giorno

1. Sul Cammino, come nella vita, si lotta contro la fretta e quasi sempre si perde la battaglia.

2. Non c'è profitto senza sacrificio (purtroppo).

3. Chi di voi è senza vesciche, butti via per primo il cerotto.  
Enne uno venti:
lo spirito di un fiume,
nervi di asfalto.

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