El Camino Inverso / Il Cammino Inverso – Jornada 17ª / Giornata 17ma: Moratinos – El Burgo Ranero

Km: 27,2 – km totales: 427,7 – ampollas / vesciche: 0 – totales: 1

Perfil de etapa. Guía Eroski Consumer / Profilo della tappa. Guida Eroski Consumer.
Resumen de la etapa / Riassunto della tappa
Vídeo de la etapa realizado por el escudero / Video della tappa realizzato dallo scudiero.

[ESPAÑOL]

Soltar lastre

La mañana del 9 de agosto nos levantamos algo más tarde de lo habitual y acabamos saliendo poco antes de las siete, lo cual era casi como dormirse en los laureles. Pero no podíamos confiarnos. El hecho de haber podido terminar el día anterior mucho mejor de lo que había empezado nos dio cierta serenidad para la etapa que estaba amaneciendo. La cena había sido agradable y rica, y la sobremesa había mejorado aún más las sensaciones. En todo ello había un mensaje oculto que, inconscientemente, nos animaba a continuar: puede que el Camino esté lleno de contratiempos, pero también habrá manera de encontrar el consuelo tras las experiencias dolorosas. Me volví a repetir aquello de que cada día tiene su propio afán, pero al mismo tiempo me acordé de que cada uno es responsable de lo que ha domesticado (dos frases que hace muchos años me enseñó la misma persona, y tal vez por eso ahora una llevaba a la otra como dos cerezas unidas por el mismo tallo). En fin, Whisky entraba y salía de mi memoria provocándome tristeza y sonrisas al mismo tiempo. Tendríamos que acostumbrarnos a que las próximas jornadas serían así. Aprenderíamos a compaginar una cosa con la otra hasta que poco a poco desapareciera la pena y nos quedara solamente el recuerdo feliz del cachorrillo que ya no volveríamos a ver, aunque nos pareciera imposible.

El desayuno fue reconfortante no solo porque estuviera bueno, sino también porque, como todo en San Bruno, se servía con una actitud de familiaridad que nos hacía sentirnos como en casa. Anna nos lo puso en la cocina y la pareja de franceses apareció ante nosotros con el tiempo imprescindible para saludarnos rápidamente. El escudero volvió a dejar preparada su mochila para el servicio de transporte de equipajes hasta el albergue de El Burgo Ranero, primero de la provincia de León en que dormiríamos. Pero antes de entrar en la nueva provincia, nos esperaban aún algunos paisajes dignos de fotografiar entre Moratinos y San Nicolás del Real Camino, último pueblo de la de Palencia.

Tras entrar en territorio leonés, a unos cuatro kilómetros y medio del inicio de la jornada, caminamos en paralelo a la carretera durante casi tres. Nuestra guía nos dice que por tierras de León el camino discurre a lo largo de 214 km, lo que las convierte en las más jacobeas de todas. Cuando dejamos la carretera, atravesamos el río Valderaduey y llegamos a un puente de piedra que nos permite llegar a la Ermita de la Virgen del Puente, pequeño edificio románico mudéjar. Allí una explanada con asientos permitiría un descanso que no hacemos. Unos metros más allá encontramos dos columnas de ladrillo sobre una base de piedra en las que podemos leer las inscripciones «SAHAGÚN CENTRO GEOGRÁFICO DEL CAMINO» (a la izquierda) y «SAHAGÚN CENTRO HISTÓRICO DE LA ORDEN DE CLUNY"(a la derecha). Adosada a la columna de la izquierda, se eleva una escultura que representa a Bernard de Séridac, Abad de Sahagún y Arzobispo de Toledo, mientras que enfrente de él se ha erigido la que representa a Alfonso VI de León. Ambos personajes están íntimamente ligados a los orígenes de la antigua villa de San Facundo, germen del Sahagún actual. Los bloques de piedra sobre los que se alzan ambas esculturas están unidos por una lámina de mármol sobre el terreno en la que se repite la inscripción que nos anuncia que esa línea separa las dos mitades del Camino Francés. Estaría situada, pues, a la misma distancia de Santiago que de Roncesvalles.

Desde ese punto nos separa poco más de un kilómetro de la ciudad de Sahagún, a la que entramos a través de una zona industrial rodeada de escenarios entre inquietantes y oníricos. Naves industriales semiabandonadas, luces de neón que sugieren navidades tan apagadas como fuera de lugar, un coche calcinado que bien pudiera haber formado parte del decorado de una película de acción. Pero poco antes de entrar en el municipio, un cartel inesperado nos devuelve a la realidad y a ese recuerdo medieval que lo envuelve: Primera escuela de juglares Sahagún 1116. Sonrío al descubrirlo. Pienso en las asignaturas que tendría esa escuela tan particular: canto, laúd, poesía, declamación, storytelling… A veces nos creemos originales, pero casi todo está inventado hace mucho tiempo.

Ermita de la Virgen y puente que le da nombre / Chiesetta della Madonna e ponte che le dà il nome

La Ronda de la Estación, calle por la que nos acercamos al centro urbano, transcurre en su último tramo paralela a las vías del tren y desemboca en la calle del Arco. Giramos a la izquierda para atravesar las vías por un paso elevado y enseguida nos encontramos con la Iglesia de la Trinidad, el albergue de peregrinos Cluny y, al otro lado de la calle, la parafarmacia En el Camino, que se convertiría en una parada fundamental de nuestra etapa. El escudero iba pensando en aumentar las provisiones de esos apósitos que se pegan a las rozaduras y a las ampollas para evitar el roce, así que nada más ver el gran letrero que anuncia la tienda y su añadida oferta de masajes, le hacen un poco los ojos chiribitas. Es como una tentación imposible de evitar. Sabemos que no nos podemos entretener demasiado, lo que no impide que podamos echar un vistazo.

El responsable de la tienda se llama Javier, y nos atiende fenomenal. Se presenta con educación y, una vez que ha entendido qué tipo de clientes somos, responde a nuestras preguntas, sugiere soluciones y añade toda la información que le permitamos agregar. Es un apasionado de su trabajo, presenta su negocio como una oficina dedicada al peregrino y, por si no hubiera quedado claro, nos dice que también da masajes. Tiene toda clase de productos para el bienestar físico y snacks de diferentes tipos. En cuanto a los apósitos que estábamos buscando, nos advierte que no todos son eficaces para lo mismo y que es muy importante elegir el apropiado para cada caso. Nos pregunta para qué los necesitamos exactamente y nos aconseja un tipo determinado.

Centro geográfico del Camino Francés / Centro geografico del Cammino Francese

Pensamos en voz alta, el escudero intenta aprovechar la ocasión para comprar todo lo que pudiéramos necesitar. Nombramos ese gel que usa todo el mundo contra los dolores musculares… no, en realidad, de eso aún tenemos. Javier interviene para decirnos que no es, en absoluto, la mejor opción para atenuar la tensión de los músculos y el dolor de las articulaciones, y entonces empieza una exposición pormenorizada de los productos que se pueden comprar en su tienda para aliviar ese tipo de problemas, y que él intenta siempre que satisfagan los gustos nacionales de cualquier peregrino.

Luces de neón / Luci al neo
Para los americanos y los nórdicos, productos con CBD; para los orientales, bálsamo de tigre, que es muy efectivo, pero cuesta como el caviar; para los gabachos ―yo a los franceses los llamo gabachos―, árnica. Y luego está este ―enseña un tubo de Flexnall―, que es el mejor.

Habla maravillas de ese gel, que es menos denso que el otro. Le explica al escudero cómo tiene que dárselo en los pies y le dice que le sorprenderán sus efectos.

Cuando vienen peregrinos con dolor de rodilla, por ejemplo, los siento por aquí y les pongo un poco para que vean el resultado, y en un par de minutos, ya se lo están llevando. 

Yo le explico que mis molestias son en la zona de la escápula derecha, que al principio me pasaba en la izquierda, pero que en Puente la Reina me lo quitaron todo con un masaje. Me gira de espaldas y le dice al escudero cómo me lo tiene que aplicar.

- Pero tu problema es el peso ―sopesa la mochila. Son más de diez kilos.
- No llegaba a diez cuando la pesé antes de salir.
- No es posible, súbete ahí ―me pide, mientras señala una báscula. Setenta y ocho. ¿Cuánto pesas?
- Al salir sesenta y cinco.
- Así que son trece kilos de mochila, y deberías llevar una décima parte de tu peso corporal, eso sin contar que habrás adelgazado.

Pienso que esa cifra tan alta es, en gran medida, irreal, porque tengo también las botas y la riñonera, que no inciden en el peso de la espalda, y que yo antes de salir me pesé sin ropa, y ahora el peso de toda la que llevo encima no deberíamos sumárselo al que tengo que soportar.

- Así que manda la mochila tú también, porque no es menos peregrino el que camina sin peso. No tenemos ni idea de si Santiago está enterrado en Compostela. Y, además, él seguro que llevaba un saco de esparto atado con una cuerda, sin calzoncillos ni nada, y un bastón de madera. El Camino hay que disfrutarlo. Y hay que ir despacio y viendo cosas. ¿Cómo vas a venir a Sahagún y no ver la tumba de Juan II, el único rey de León que no está enterrado en San Isidoro? Y León es precioso. Nosotros no queremos saber nada de Castilla. Esto es León, y Sahagún es el primer pueblo de la provincia y se parece más a Castilla, pero más adelante, ya veréis cómo cambia.¡A disfrutarlo!
Un coche calcinado / Una macchina carbonizzata

Cuánta razón tiene Javier. No solo por sus conocimientos técnicos sobre el peso máximo que puede soportar durante semanas un cuerpo humano en buenas condiciones de salud, sino por la filosofía que ello implica. La idea estereotipada del peregrino cargado de equipaje hasta las cejas (literalmente) ha hecho popular también esa concepción del Camino como una vía de sufrimiento (relativo, claro está, pero sufrimiento al fin y al cabo). Como si ese concepto tan católico de la penitencia tuviera que estar íntimamente ligado a cada paso del caminante. Eso explica en parte el gesto torcido y la expresión decepcionada de quien descubre que el escudero ha enviado su mochila hasta la próxima estación, decisión que parece poder justificarse solo cuando se ha tomado para impedir males indescriptibles que provocan las penas del infierno. Sería bueno que todos nos desprendiéramos de esa visión del mundo, que admitiéramos en nuestro fuero interno que cada uno decide cómo completar su recorrido y que hay tantos caminos como personas sobre la faz de la tierra. Y que todos cabemos en él y ocupamos el mismo espacio.

Cuando salimos del local de Javier, no tenemos mucho tiempo que perder y, después de tomarnos nuestro segundo desayuno de funcionarios en el hostal cercano, que tiene un bar amplio en la planta baja, atravesamos la ciudad bastante rápido. Apenas si nos paramos un poco en el Monasterio de Santa Cruz y en el Arco de San Benito, situado al lado. Poco después el escudero recibe una llamada y mientras habla parece que avanza con el piloto automático. Le voy indicando que tenemos que desviarnos para ver la Iglesia de San Tirso, pero con el palique sigue andando como si estuviera en el pasillo de su casa. Al final de la conversación, casi hemos salido de la ciudad, pues estamos ya delante del Puente Canto sobre el río Cea. Sinceramente, no tengo muchas ganas de volver sobre mis pasos. Atravesamos el puente y nos disponemos a salir definitivamente de Sahagún. Así que, tan convencidos de echarle un freno a nuestro modo de cruzar por las ciudades, tratando de dedicarle más tiempo a conocer los lugares por donde pasamos, y poco necesitamos para traicionar los buenos propósitos y seguir siendo lo que hemos sido hasta ahora.

A partir de este momento la jornada se hace bastante monótona, lo que no significa que sea desagradable. Dos kilómetros y medio después de dejar Sahagún, inicia una fila artificial de falsos plátanos que ya no nos abandonará hasta el final de la etapa. La sombra es agradable y sugiere una compañía discreta, que anima siempre al caminante. Mucho después llegamos a Bercianos del Camino, pequeño pueblo donde nos sale al encuentro un burro o, mejor dicho, somos nosotros los que vamos al suyo, pues el animal está tan tranquilo a un lado de la calle. Simpático, sí, pero un poco importunado por los turistas urbanitas que le hacen carantoñas. Según el escudero, que como se sabe es más de campo que el caballero, se había girado discretamente no para quitarme de su vista, sino porque pensaba regalarme una coz bien merecida (según su buen criterio animal). Menos mal que tuvo a bien avisarme a tiempo (el humano esta vez) y dejé de estar a tiro de sus pezuñas. Gajes del oficio. El de peregrino inexperto.

El pueblo está lleno de casas de adobe, que observamos mientras lo cruzamos por su calle Mayor. Después más de lo mismo hasta llegar a El Burgo. Cansados, como siempre. Para llegar a nuestro albergue lo tenemos que atravesar de un extremo a otro. ¿Será un castigo por no haber sido capaces de redimirnos?

Pensamientos del día

Todo peso es relativo y depende de la capacidad de quien tiene que soportarlo.

Es bueno dejarse aconsejar por quien demuestra estar mejor informado.

Conocer a un animal siempre compensa el riesgo de una coz.
No necesitas
para llegar a meta
más que el camino.

Poema de Travesía

El poema de Travesía que se corresponde con esta etapa es Atajos. En él se contraponen dos actitudes diferentes a la hora de afrontar el Camino: la de quien da prioridad a la velocidad frente a la calma, y la de quien prefiere avanzar poco a poco. La primera permite llegar antes, no hay duda, pero la segunda concede al peregrino el privilegio de llegar mejor. Caminar despacio convierte cada paso en una decisión consciente, lo cual es obvio que no garantiza el éxito (pues es propio del ser humano equivocarse en cada recorrido más de una vez), pero al menos nos dará la tranquilidad de haber elegido libre y con todas sus consecuencias. Es decir, de haber hecho todo lo que estaba en nuestras manos para que el Camino fuera provechoso.

Ya en la primera estrofa se habla de “dejar huella”, más profunda cuanto más pausado es el ritmo de quien camina, y cuanto menor es la distancia entre el pie y el terreno que se pisa. Lo decían los mayores: las prisas son muy malas consejeras. Mancharse los zapatos, llenarse la piel de rozaduras, llevar un peso incómodo a la espalda son experiencias que permitirán conocerse mejor, aprender a sortear los problemas, a elegir entre lo accesorio (que habrá de abandonarse en algún lado) y lo primordial (que será lo único que nos daremos el lujo de transportar hasta llegar a la meta). Ligeros de equipaje.

En esta etapa hemos cuestionado algunos principios presentes en el poema original: por una parte, quizá no siempre somos consecuentes con nuestra manera de pensar, es decir, ¿nuestro modo de realizar el Camino refleja realmente esa filosofía del slow travel? Probablemente no del todo. Por otro lado, gracias a las reflexiones de Javier, hemos llegado a la conclusión de que el peso es un adorno superficial y casi folklórico que nada importante añade a la integridad del peregrino.

En la vida, como en el Camino, uno se cruza de vez en cuando con aquellos que quieren llegar alto cuanto antes y, cuando consiguen hacer el adelantamiento, muestran con satisfacción a quienes dejan atrás ese gesto de victoria que los llena de orgullo y los cubre de un halo de superioridad inaccesible. En Sahagún nos hemos encontrado con Javier, que ha sido tajante cuando nos ha hablado del peso de nuestra mochila: hemos de aligerarla lo más posible, y no tiene sentido transportar más de lo que nuestro físico nos permite. Así habría de ser. En el Camino, como en la vida, tendríamos que aprender a soltar lastre cada cierto tiempo. Descubrir qué es lo fundamental y, sobre todo, obrar en consecuencia es la verdadera meta del Camino. Ojalá fuera tan fácil aplicarlo como decirlo.

Atajos
Quien camina a grandes zancadas, no irá muy lejos. 
Lao Tse
Hay quien toma un atajo para llegar primero
como si se dejara la misma huella siempre,
independientemente del medio utilizado,
como si la presión del pie sobre el terreno fuera igual de profunda 
que la impronta alargada del neumático
o los cascos vestidos del caballo.

Desde que comencé hace mucho tiempo 
me adelantan veloces algunos peregrinos 
y no pueden dejar de complacerse 
mientras consuman el adelantamiento. 
Ofrecen casi todos una sonrisa irónica
al mismo tiempo que miran de reojo
al pobre caminante adelantado.
Incluso algunos frenan, detienen brevemente 
el ritmo acelerado de su viaje
para ofrecer un leve conato de saludo 
levantando su mano
y elevando hacia arriba el mentón y las cejas
con un gesto imperial que los hace visibles.

Yo prefiero ir despacio,
me escuecen las heridas
y la espalda me pesa como un garfio metálico,
pero escuchan mis pies el temblor de la tierra
y perciben las sombras desmembradas donde crujen las hojas.

Índice de entradas

[ITALIANO]

Alleggerire il carico

Il mattino del 9 agosto ci alziamo un po’ più tardi del solito e finiamo per partire poco prima delle sette, il che significava quasi dormire sugli allori. Invece, non dovevamo fidarci. Il fatto di aver potuto concludere la giornata precedente molto meglio di quanto l’avevamo iniziata ci ha concesso una certa serenità nei confronti di quella che stava spuntando. La cena era stata piacevole e buona, e il dopocena aveva migliorato le sensazioni ancora di più. Tutto ciò occultava un messaggio che, inconsapevolmente, ci incoraggiava ad andare avanti: può darsi che il Cammino sia pieno di ostacoli, ma ci sarà anche il modo di trovare la consolazione dopo le esperienze dolorose. Mi sono ripetuto ancora una volta quel ogni giorno ha la sua giusta pena, ma contemporaneamente mi sono ricordato che sei responsabile per sempre di quello che hai addomesticato (due frasi che molti anni fa mi ha insegnato la stessa persona, e magari per quello, adesso l’una portava all’altra come due ciliegie unite dallo stesso gambo). Insomma, Whisky entrava e usciva dalla mia memoria causandomi tristezza e sorrisi allo stesso tempo. Ci dovevamo abituare al fatto che le prossime settimane sarebbero state così. Avremmo imparato a conciliare una cosa con l’altra finché pian piano non fosse sparita la pena e non ci fosse rimasto che il ricordo felice del cuccioletto che, incredibilmente, non avremmo più rivisto.

La colazione è stata confortante, non soltanto perché era buona, ma anche perché, come tutto a San Bruno, era servita con un atteggiamento di famiglia, che ci faceva sentire a casa. Anna ce l’ha preparata in cucina e la coppia di francesi è apparsa di sfuggita con il tempo necessario per salutarci in velocità . Lo scudiero ha spedito di nuovo il suo zaino fino all’ostello di El Burgo Ranero, primo della provincia di León in cui avremmo dormito. Ma prima di entrare nella nuova provincia, ci aspettavano alcuni paesaggi meritevoli di essere fotografati fra Moratinos e San Nicolás del Real Camino, ultimo paese della provincia di Palencia.

Monasterio de Santa Cruz / Monastero della Santa Croce

Dopo essere entrati nel territorio di León, a circa 4,5 km dall’inizio della giornata, camminiamo parallelamente alla strada per quasi 3 km. La nostra guida ci dice che attraverso la terra di León il Cammino trascorre lungo 214 km, il che la fa diventare la più giacobea di tutte. Quando lasciamo la strada, attraversiamo il fiume Valderaduey e arriviamo a un ponte di pietra che ci permette di arrivare alla Ermita de la Virgen del Puente, piccolo palazzo romanico mudéjar. Lì una spianata allestita con una specie di poltrone dove ci si può sedere, permetterebbe una pausa che non facciamo. Qualche metro più in là troviamo due colonne di mattoni su una base di pietra, nelle quali possiamo leggere le scritte «SAHAGÚN CENTRO GEOGRÁFICO DEL CAMINO» (a sinistra) e «SAHAGÚN CENTRO HISTÓRICO DE LA ORDEN DE CLUNY» (a destra). Addossata alla colonna di sinistra, si alza una scultura che rappresenta Bernard de Séridac, Abate di Sahagún e Arcivescovo di Toledo, mentre di fronte a esso è stata eretta quella che rappresenta Alfonso VI di León. I due personaggi sono intimamente legati alle origini della vecchia villa di San Facundo, precedente del Sahagún odierno. I blocchi di pietra sui quali appoggiano entrambe le sculture sono uniti da una striscia di marmo sul pavimento, nella quale si ripete la scritta che ci annuncia che quella linea divide le due metà del Cammino francese. Dovrebbe essere situata, quindi, alla stessa distanza da Santiago e da Roncisvalle.

A quel punto siamo a poco più di un chilometro dalla città di Sahagún, dove entriamo attraverso una zona industriale circondata da scenari che sono inquietanti e onirici. Capannoni semiabbandonati, luci al neo che suggeriscono natali tanto spenti quanto fuori luogo, una macchina carbonizzata che perfettamente avrebbe potuto far parte della scenografia di un film di azione. Ma poco prima di entrare nella località, un’insegna inaspettata ci fa ritornare alla realtà e a quel ricordo medievale che la avvolge: Prima scuola di giullari Sahagún 1116. Sorrido per la scoperta. Penso alle materie che avrà insegnato quella scuola così particolare: canto, liuto, poesia, declamazione, storytelling… A volte crediamo di essere originali, ma quasi tutto è già stato inventato tanto tempo fa.

Arco de San Benito

La Ronda de la Estación, via per la quale ci avviciniamo al centro cittadino, trascorre nella sua ultima tratta parallelamente alle rotaie del treno, e sbocca nella via dell’Arco. Giriamo a sinistra per attraversare le rotaie tramite un cavalcavia e subito troviamo la Chiesa della Trinità e l’ostello di pellegrini Cluny e, dall’altra parte della strada, la parafarmacia En el Camino, che sarebbe diventata una fermata fondamentale della nostra tappa. Lo scudiero stava pensando di aumentare le provvigioni di quei cerotti che si attaccano alle escoriazioni e alle vesciche per evitare lo sfregamento, e quindi non appena ha visto la grande scritta del negozio e la sua offerta di massaggi, gli occhi gli diventano perfino lucidi. È come una tentazione impossibile da evitare. Sappiamo di non poterci trattenere troppo, ma questo non impedisce di poterci dare un’occhiata.

Il titolare del negozio si chiama Javier, e ci concede tutta la sua attenzione. Si presenta educatamente e, quando ha capito quale genere di clienti siamo, risponde a tutte le nostre domande, suggerisce soluzioni e tutta l’informazione che gli permettiamo di aggiungere. È un appassionato del suo lavoro, presenta la sua attività come un ufficio dedicato al pellegrino e, come se non fosse già chiaro, ci dice che fa anche i massaggi. Ha tutti i tipi immaginabili di prodotti per il benessere fisico così come i più diversi snacks. Per quanto riguarda i cerotti che cerchiamo, ci avverte che non tutti sono efficaci per lo stesso, e che è molto importante scegliere quello giusto per ogni caso. Ci chiede per cosa ne abbiamo bisogno esattamente e ce ne consiglia un tipo tra i vari disponibili.

Puente Canto sobre el río Cea / Ponte Canto sul fiume Cea

Pensiamo a voce alta, lo scudiero cerca di approfittare dell’occasione per comprare tutto quello di cui potremmo avere bisogno. Nominiamo quel gel che usano tutti quanti contro i dolori muscolari… no, in realtà di quello ne abbiamo abbastanza. Javier interviene per dirci che, secondo lui, non è assolutamente la migliore delle opzioni per diminuire la tensione dei muscoli e il dolore degli arti, e allora inizia una esposizione dettagliata dei prodotti che si possono comprare nel suo negozio per alleviare quel tipo di problemi, e che lui cerca sempre che soddisfino le preferenze nazionali di qualsiasi pellegrino.

Ih ohh, ih ohh, di Andrea Zuppa.
Per gli americani e i nordici, i prodotti col CBD; per gli orientali, il balsamo di tigre, che è molto efficace, ma costa come il caviale; per i gabachos -io i francesi li chiamo gabachos-, l'arnica. E dopo c'è questo -mostra una confezione di Flexnall-, che è il migliore.

Racconta meraviglie di quel gel, che è meno denso dell’altro. Spiega allo scudiero come deve metterselo sui piedi, e gli annuncia che i suoi effetti lo sorprenderanno.

Quando arrivano i pellegrini col male al ginocchio, per esempio, li faccio sedere lì e glie ne metto un po' perché vedano il risultato, e un paio di minuti dopo lo stanno già comprando. 

Io gli spiego che i miei disturbi sono nella zona della scapola destra, che all’inizio mi succedeva sul lato destro, ma che a Puente la Reina mi hanno sistemato con un massaggio. Mi gira di schiena e fa vedere allo scudiero il modo in cui deve metterlo.

- Ma il tuo problema è il peso ―soppesa lo zaino. Son più di dieci chili.
- Erano meno di dieci quando l'ho pesato prima di partire.
- Non è possibile, sali lì ―mi chiede, mentre mi indica una bilancia. 78. Quanto pesi?
- Il giorno della partenza 65.
- E quindi sono 13 chili di zaino, e dovresti portare una decima parte del tuo peso corporeo, e tutto questo senza tener conto del fatto che probabilmente sarai dimagrito.

Penso che quella cifra così alta sia, in linea di massima, irreale, perché ho anche gli scarponi e il marsupio, che non incidono sul peso sulla schiena, e che io prima di partire mi sono pesato senza vestiti, e invece adesso il peso di tutti i vestiti che ho addosso non dovremmo aggiungerlo a quello che devo sopportare.

- Quindi dovresti inviare lo zaino anche tu, perché non è meno pellegrino colui che cammina senza peso. Non abbiamo idea se Santiago sia veramente sepolto a Compostela. E, c'è anche da dire che lui si sarà avvolto sicuramente in un sacco di sparto legato con una corda, addirittura senza mutande, e avrà usato un semplicissimo bastone di legno. Il Cammino bisogna goderselo. E bisogna anche andare piano e vedere tante cose. Com'è possibile venire a Sahagún e non vedere la tomba di Juan II, l'unico re di León che non è sepolto a  San Isidoro? E León è bellissimo. Noi non vogliamo sapere niente della Castiglia. Questo è León, e Sahagún è il primo paese della provincia, e questo fa sì che assomigli molto alla Castiglia, ma più avanti, vedrete come cambia. Godetevelo!
Crucero a la entrada de El Burgo Ranero / Croce commemorativa all’ingresso di El Burgo Ranero

Quanta ragione ha Javier! Non solo per le sue conoscenze tecniche sul peso massimo che può sopportare durante settimane un corpo umano in buona condizione di salute, ma anche per la filosofia che ne deriva. Lo stereotipo del pellegrino caricato di bagaglio fino ai capelli (letteralmente) ha reso popolare anche quella concezione del Cammino come una via di sofferenza (relativa, certamente, ma sempre sofferenza). come se quel concetto tanto cattolico della penitenza dovesse essere fortemente legato ad ogni passo del camminatore. Questo spiega in parte il gesto storto e l’espressione delusa di coloro che scoprono che lo scudiero ha inviato il suo zaino alla stazione successiva, decisione che sembra poter giustificarsi soltanto quando è stata presa allo scopo di impedire dei mali indescrivibili che provocano le pene dell’inferno. Sarebbe bello che tutti noi abbandonassimo quella visione del mondo, che ammettessimo intimamente che ognuno può decidere come completare il suo percorso, e che ci sono così tanti cammini come persone sulla faccia della terra. E che c’e posto per tutti, e che tutti noi occupiamo lo stesso spazio.

Quando usciamo dal locale di Javier, non abbiamo molto tempo da perdere y, dopo aver fatto la nostra seconda colazione da statali nell’alberghetto vicino, che ha un ampio bar al piano terra, attraversiamo la città abbastanza velocemente. Ci fermiamo appena un po’ per vedere il Monastero della Santa Croce e l’Arco di San Benito, situato a lato. Poco dopo lo scudiero riceve una telefonata e mentre parla sembra di andare avanti con pilota automatico. Gli faccio segno che dobbiamo deviare per vedere la chiesa di San Tirso, ma con la chiacchiera continua a camminare come se fosse sul corridoio di casa sua. Alla fine della conversazione, siamo quasi usciti della città, dato che siamo davanti al Puente Canto sul fiume Cea. Sinceramente, non ho molta voglia di tornare indietro. Attraversiamo il ponte e ci prepariamo per uscire definitivamente di Sahagún. Quindi, tanto convinti di finire con quel nostro modo di girare le città, cercando di dedicare più tempo a conoscere i luoghi che attraversiamo, e in realtà abbiamo bisogno di ben poco per tradire i buoni propositi e continuare ad essere quello che siamo stati finora.

Da questo momento in poi la giornata diventa abbastanza monotona, il che non significa sgradevole. Due chilometri e mezzo dopo Sahagún, comincia una fila artificiale di falsi platani che non ci abbandonerà fino alla fine della tappa. L’ombra è piacevole e suggerisce una compagnia discreta, che incoraggia il camminatore. Molto dopo arriviamo a Bercianos del Camino, piccolo paese dove ci viene incontro un asino, o meglio, siamo noi ad andare incontro a lui, visto che l’animale è tranquillo a un lato della strada. Simpatico, sì, ma un po’ importunato dai turisti urbaniti che lo accarezzano. Secondo lo scudiero, che come si sa è più contadino del cavaliere, si era girato discretamente, non per togliermi dalla sua vista, ma perché pensava di regalarmi un calcio ben meritato (per il suo buon criterio animale). Meno male che lo scudiero ha ritenuto opportuno avvisarmi per tempo e non ero più raggiungibile per i suoi zoccoli. I rischi del mestiere. Quello del pellegrino inesperto.

Il paese è pieno di case di adobe, che osserviamo mentre l’attraversiamo per la sua via Mayor. Dopo, niente di nuovo fino a El Burgo. Stanchi come al solito. Per arrivare al nostro ostello, dobbiamo percorrerlo da un estremo all’altro. Sarà magari un castigo per non essere stati in grado di redimerci?

Pensieri del giorno

Tutti i pesi sono relativi e dipendono dalla capacità di chi deve sopportarli.

È una buona cosa lasciarsi consigliare da chi dimostra di essere informato meglio.

Conoscere un animale vale sempre il rischio di ricevere un calcio.
Niente ti serve
per giungere alla meta
più del cammino.

Poesia de Travesía

La poesia di Travesía che si corrisponde con questa tappa è Scorciatoie, dove si mettono in contrasto due atteggiamenti diversi nell’affrontare il Cammino: quello di coloro che danno priorità alla velocità rispetto alla calma, e quello di chi preferisce invece progredire pian piano. Il primo permette di arrivare prima, non c’è dubbio, ma il secondo concede il privilegio di arrivare meglio. Camminare piano fa sì che ogni passo diventi una decisione consapevole, il che non garantisce il successo (dato che è proprio dell’essere umano sbagliare ripetutamente durante ogni percorso), ma almeno ci darà la tranquillità di aver scelto liberamente e consapevolmente. Vale a dire, di aver fatto tutto quello che potevamo fare perché il Cammino fosse fruttuoso.

Subito nella prima stanza si parla di «lasciare traccia», più profonda quanto più pausato il ritmo di chi cammina, e quanto minore la distanza tra il piede e il terreno che si calpesta. Lo dicevano gli anziani: la fretta non è mai buona. Sporcarsi le scarpe, riempire la pelle di escoriazioni, portare un peso scomodo sulla schiena sono esperienze che permetteranno di conoscersi meglio, di imparare a sorteggiare i problemi, a scegliere tra le cose accessorie (che dovranno abbandonarsi prima o poi) e quelle primordiali (che saranno le uniche che avremo il lusso di trasportare fino al traguardo). Leggeri.

In questa tappa abbiamo messo in discussione alcuni principi presenti nella poesia originale: da una parte, magari non siamo completamente coerenti con il nostro modo di pensare: vale a dire, il nostro modo di fare il Cammino rispecchia veramente quella filosofia dello slow travel? Probabilmente non del tutto. D’altra parte, grazie alle riflessioni di Javier, siamo giunti alla conclusione che il peso è soltanto una specie di addobbo superficiale e quasi folkloristico che non aggiunge niente all’integrità del pellegrino.

Nella vita, come sul Cammino, ci incrociamo ogni tanto con quelli che vogliono arrivare in alto quanto prima e, quando riescono a sorpassarci, ci mostrano con soddisfazione quel gesto di vittoria che li riempie di orgoglio e li copre con un’aureola di superiorità inaccessibile. A Sahagún abbiamo conosciuto Javier, che è stato tassativo quando ci ha parlato del peso dello zaino: dobbiamo alleggerire il carico ogni tanto. Scoprire cos’è fondamentale e, soprattutto, agire di conseguenza è il vero traguardo del Cammino. Magari fosse facile applicarlo come dirlo.

Scorciatoie
Scorciatoie
Chi fa passi lunghi non resiste a camminare. 
Lao Tse
C’è chi prende una scorciatoia per arrivare prima
come se si lasciasse sempre la stessa impronta, 
indipendentemente dal mezzo utilizzato,
come se la pressione del piede sul terreno fosse profonda 
come la traccia allungata della ruota
o gli zoccoli vestiti del cavallo.

Da quando cominciai nel lontano passato 
mi sorpassano veloci molti pellegrini
e non smettono di compiacersi
mentre consumano il sorpasso.
Offrono quasi tutti un sorriso ironico
e allo stesso tempo guardano di traverso
il povero camminante sorpassato.
E perfino rallentano, arrestano brevemente 
il ritmo accelerato del viaggio
per offrire un lieve cenno di saluto
alzando la loro mano,
sollevando mento e sopracciglia
con un gesto imperiale che li rende visibili.

Io preferisco andar piano,
mi bruciano le ferite
e la schiena mi pesa come uncino metallico,
ma ascoltano i miei piedi il tremore della terra
e percepiscono le ombre smembrate dove le foglie scricchiolano.

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