El Camino Inverso / Il Cammino Inverso. Jornada 6 / Giornata 6: Estella – Torres del Río

Km: 29 – Km totales: 142,6 – ampollas / vesciche: 0 – totales: 1

[ESPAÑOL]

Perfil de la etapa / Profilo della tappa. Guía Eroski Consumer
Vídeo de la etapa realizado por el escudero / Vídeo della tappa realizzato dallo scudiero

Vino, bosque y penitencia

La sexta jornada de nuestro Camino acabó siendo la más dura hasta el momento, pero el inicio fue tan suave que no hacía presagiar en absoluto lo que nos esperaba. Dada la extensión de la etapa, decidimos rechazar la opción de desayunar en el albergue de Alfonso (Ágora se llamaba) porque nos habría exigido quedarnos hasta las siete. Le explicamos que no queríamos salir tan tarde y entonces él nos aconsejó pararnos en la estación de servicio que encontraríamos a la salida (es propio del buen anfitrión aconsejar a la competencia cuando es necesario). Así lo hicimos.

Una vez desayunados, retomamos las flechas amarillas que nos llevaban a atravesar las afueras del municipio hasta que fuimos ganando altura para encaminarnos al Monasterio de Irache, en cuyo idílico entorno crecen las viñas de la bodega del mismo nombre y se puede admirar la famosa fuente del vino. Funciona desde principios de los años noventa y dicen que da cien litros de vino al día, así que los más remolones se quedan sin el preciado elixir. En realidad, muchos peregrinos se darán cuenta de que de elixir tiene bien poco, y es solo una simpática curiosidad turística, pero tanto caballero como escudero no quieren dejar de decidir por sí mismos y, como no tienen vaso ni recipiente similar que les facilite la empresa, al escudero se le ocurre una solución bien práctica (para eso están los escuderos): utilizar la concha del peregrino adquirida el día anterior a modo de platillo, como aconsejaría su uso original. Salió del grifo un vinillo común mucho más parecido a lo que beberían los peregrinos medievales que a un caldo elegante de la zona, pero más de uno se lo bebería hoy mismo en buena compañía.

Monasterio de Irache

Contentos de haber visto una de las atracciones más famosas del Camino, proseguimos unas decenas de metros aún en dirección ascendente hasta que el Camino, como la vida, nos plantea una disyuntiva: a la derecha, algunas localidades más de la provincia; a la izquierda, principalmente bosque. Ambas opciones se unen en Los Arcos. Estamos de acuerdo en elegir el bosque.

Efectivamente, el bosque no decepciona. Los encinares y las coníferas nos acogen con la acostumbrada hospitalidad, nos alegran la vista y el olfato, y nos hacen breve la caminata. Pequeñas elevaciones, giros suaves a derecha e izquierda, cuestas arriba y abajo que dan sentido a la marcha y aceleran los latidos sin provocar excesivo cansancio. A veces el sendero cambia de idea y, en lugar de atravesar el bosque, lo bordea. Y entonces nos regala las panorámicas hermosas de estas tierras, las colinas, los cereales a lo lejos. Después de un buen trecho de kilómetros llegamos a Luquin, donde una vez atravesado el pueblo en un santiamén, salimos de nuevo a zona de cultivos con algunos pequeños huertos privados a ambos lados de la calle sin asfaltar.

Enseguida se percibe la voz de un vecino que habla con otro mientras este termina algún trabajo doméstico al otro lado de una valla. Se nota claramente que el primero tiene ganas de darle a la sin hueso.

- Que primero los hijos y después los nietos. Ni puñetero caso te hacen, pero bien que acuden cuando necesitan algo. Y cuando ya no puedes más y necesitas tú que estén ahí dando el callo, que te den por c… -su vecino asiente sin meter baza, pero se ve que está de acuerdo.
La fuente del vino / La fontana del vino

Pasamos de largo con un tímido saludo de cortesía y los hombres se quedan detrás departiendo sobre sus cosas, pero sin saber muy bien cómo, al poco tiempo nuestro campesino locuaz está a nuestro lado y nos ha preguntado ya de dónde somos. De ahí pasa a interesarse por nuestro destino y nos da explicaciones que no acabamos de atender porque nos basta con seguir las flechas amarilas para llegar a puerto. A los dos minutos nos ha descrito el horizonte, nos ha nombrado los pueblos que se ven al frente y nos dice que del otro lado de la nacional llegan los peregrinos que han preferido rechazar la opción del bosque. Luego, al llegar a la rotonda, hay una señal que indica: Los Arcos 9. Desde ese punto ya iremos todos juntos otra vez.

Las disyuntivas del camino

Antes de dejarnos escapar, le da tiempo a quejarse de los últimos incendios, cuya huella se aprecia en las lomas ennegrecidas que se notan hacia el oeste. Y cuando el fuego llega al cereal, ¡buuuuuuuuu! Y mueve los brazos de golpe hacia la derecha con velocidad para simular la propagación incontrolable de las llamas. Un desastre -concluye.

Según nuestro campesino locuaz, la culpa es de los ecologistas, porque para cualquier cosa hay que pedir permiso. Ni se limpia el monte, ni se dan permisos para sacar animales al monte, ni nada de nada. Y cada vez peor.

Nosotros elegimos el bosque / Noi abbiamo scelto il bosco

Después de su discurso reivindicativo, se. despide y se va. Cuando llegamos a la famosa rotonda, dejamos la soledad de la senda forestal y empezamos a notar a otros muchos peregrinos, cuyas caras y voces empiezan a resultarnos familiares.

El tramo hasta Los Arcos es largo y monótono, pero cuando ya han pasado tres de los nueve totales, nos sorprende un food truck de dos irlandeses que ofrecen bebidas y comida a un precio razonable. Sirve ese oasis de felicidad colocado estratégicamente a la sombra de unos pinos para reencontrarse con algunas caras conocidas, además de para hidratarse debidamente y comer algo ligero (un buenísimo gazpacho entre otras cosas), y para saber que alguno de los peregrinos piensa acabar la jornada en Los Arcos. En ese momento nos parece una sabia decisión, pero a la larga tal vez no compense, pues de ese modo se tendrán que afrontar dos etapas difíciles una detrás de otra: la de Logroño al día siguiente de 29 kilómetros y la de Nájera de casi 30. Nos convencemos, pues, de que adelantar la penitencia podrá ser beneficioso.

Nos quedan aún unos seis kilómetros hasta Los Arcos y ocho más hasta Torres del Río. El paisaje no carece de belleza, es cierto, pero el hecho de que el sol actúe a sus anchas así como el cansancio propio de cada final de jornada lo hacen especialmente duro. Hay que ingeniárselas para cubrirse lo más posible. La mochila parece descolocarse cada dos minutos y cuando se agarra al cuerpo, se diría que lo hace clavando las uñas en el primer lugar que encuentra libre.

Uscendo dal bosco

La conversación puede ayudar a que el suplicio se haga más corto. Me pongo a hablar con Ana, una de las colombianas con quien nos cruzamos alguna vez desde hace unos días. Está desubicada porque su compañera de viaje hoy ha hecho voto de silencio. Se tomó la pastilla del silencio, y yo necesito hablar -explica. Vive en España desde hace años, en la zona de Roncesvalles, y siempre sintió admiración por los peregrinos. Caminará hasta Logroño.

Cuando llegamos a Los Arcos, ellas como otros muchos desparecen. Nosotros entramos en una tienda para comprar algo de comer, y el escudero se compra además un sombrero para el sol, que se le antoja más eficaz que la visera con que afronta las travesías del desierto. Después de esa pausa, que se agradece, afrontamos los ocho kilómetros más duros hasta el momento, en que todas les sensaciones negativas se intensifican. Pero la fe no disminuye porque los mapas hablan. Todo llegará. Sabemos que justo antes de Torres está Sansol. Quienes no estén bien informados se llevarán un susto. Está pegado al destino final y el peregrino creerá, al leer su nombre, que se ha equivocado de ruta. Pero no. Escondido detrás está Torres. Por fin. Misión cumplida.

Pensamientos del día

Para saber cómo ha ido el día siempre hay que esperar hasta el final.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Disfruta de la sombra mientras puedas.

Bebe en la fuente,
disfruta del oasis:
todo se acaba.

Poema de Travesía

Con el poema Como ampollas pequeñas empieza el capítulo de la adolescencia de Travesía. En él he establecido un paralelismo entre la aparición de ampollas en los pies durante el Camino y la de los poemas en la adolescencia. Ambos surgen sin orden aparente como consecuencia de una actividad intensa (caminar, crecer), necesaria para desarrollar la propia personalidad, pero también implican un cierto sufrimiento. Los poemas (como otros escritos propios de adolescentes) surgen a menudo en un contexto de desazón nada agradable. La utilidad última es que obligan a pararse a pensar cómo resolver el problema. Habrá momentos en que creas que han desaparecido, pero tarde o temprano descubrirás que siempre vuelven.

Como ampollas pequeñas
Non so perché si formano, 
eppure mi affeziono e le chiamo per nome.

Valerio Magrelli
Nacen sin avisarte, como ampollas pequeñas
debajo de los pies. Te sientas un momento,
te examinas las plantas con cuidado: la derecha, la izquierda
y no hay nada que explique el escozor,
nada esa sensación de fuego entre los dedos
que al retomar la marcha se repite.

En esa edad
en que todo parece irreal e inconstante
llegan para quedarse, aunque se escondan,
aunque sean invisibles y se adviertan
tan solo cuando quieren detenerte.
Que te interrumpas,
que dejes todo lo que estás haciendo,
y te observes a fondo.
Que mires dónde estás, por dónde has ido,
la ruta que has trazado, la que quieres
acometer en ese prado virgen y no supiste.

Descubrirás que a veces te abandonan
para hacerte creer que ya eres libre.
Pero siempre regresan
los poemas.

[ITALIANO]

Vino, bosco e penitenza

La sesta giornata del nostro Cammino è finita per essere fini a quel momento la più dura, ma l’inizio è stato così morbido che non faceva per niente immaginare quello che ci aspettava. Vista l’estensione della tappa, abbiamo deciso di rifiutare l’opzione di fare colazione da Alfonso (presso l’ostello Agora) perché ci avrebbe costretto a stare lì fino alle sette. Gli spieghiamo che non volevamo partire così tardi e ci consiglia fermarci alla stazione di servizio all’uscita della città (è tipico dei bravi hospitaleros consigliare la concorrenza quando è necessario). E quello abbiamo fatto.

Finita la colazione, abbiamo ripreso a seguire le frecce gialle che ci portavano ad attraversare la periferia della cittadina e guadagnando altezza lentamente ci siamo indirizzati verso il Monastero di Irache, nel cui idilico intorno crescono le vigne della cantina dello stesso nome e si può ammirare la famosa fontana del vino. Funziona dai primi anni novanta e dicono che versi cento litri di vino al giorno, così i più ritardatari rimangono senza il prezioso elisir. In realtà, molti pellegrini si renderanno conto che elisir non è un termine che gli si addice, ma che è piuttosto una simpatica curiosità turistica. Tuttavia, sia cavaliere che scudiero preferiscono decidere per sé stessi e, siccome non hanno né bicchiere né altro recipiente simile che gli permetta di risolvere la questione, viene in mente allo scudiero una soluzione tanto pratica (a quello servono gli scudieri): usare la conchiglia del pellegrino acquistata il giorno prima a mo’ di ciotolina. È uscito dal rubinetto un vinello comune molto più simile a quello che avranno bevuto i pellegrini medioevali anzi che ad uno elegante della zona. Più di uno, però, lo berrebbe volentieri in compagnia.

Contenti di aver visto una delle attrazioni più famose del Cammino, continuiamo per qualche decina di metri in su finché il Cammino, come la vita, non ci pone un dilemma: a destra altri paesi della provincia, a sinistra soprattuto il bosco. Le due opzioni si uniscono a Los Arcos. Siamo d’accordo nel scegliere il bosco.

Certamente, il bosco non ci delude. Le querce e le conifere ci accolgono con la solita ospitalità, ci rallegrano la vista è l’olfatto, e ci rendono breve la camminata. Piccole elevazioni, giri morbidi a destra e sinistra, salite e discese che danno senso alla marcia e accelerano i battiti senza stancarci troppo. A volte il sentiero cambia idea e, invece di attraversare il bosco, lo contorna. E allora ci regala le belle panoramiche di queste terre, le colline, i cereali più in là. Dopo parecchi chilometri arriviamo a Luquín, dove quando abbiamo attraversato il paese, usciamo di nuovo a una zona di coltivazioni con alcuni piccoli orti privati su entrambi i lati della strada sterrata.

Ondas / Onde

Ci arriva subito la voce di un vicino che parla con un altro mentre questo finisce dei lavori domestici dall’altro lato di una recinzione. Si percepisce chiaramente che il primo ha voglia di muovere la lingua.

- Prima i figli e dopo i nipoti. Non ti cagano neanche, ma quando ne hanno bisogno ti cercano e come. E quando non ce la fai più e sei tu quello che ha bisogno che loro ci siano, ti mandano a quel paese -il suo vicino annuisce senza intervenire, ma si vede che è d’accordo.

Li superiamo con un timido saluto di cortesia e i due uomini restano dietro a chiacchierare sulle loro cose, ma senza che ce ne accorgiamo, il nostro contadino loquace è un istante dopo accanto a noi e ci ha già chiesto di dove siamo. Poi si interessa della nostra destinazione e ci dà delle spiegazioni che non capiamo del tutto perché non ci serve altro per arrivare in porto che seguire le frecce gialle. Due minuti dopo ci ha descritto l’orizzonte, ci ha menzionato i paesi che si vedono più in là e ci dice che dall’altra parte della statale arrivano i pellegrini che hanno preferito rifiutare l’opzione del bosco. Poi, quando si arriva alla rotonda, c’è un segnale che indica: Los Arcos 9. Da quel punto in poi camineremo di nuovo tutti insieme.

Prima di lasciarci scappare, ha ancora tempo per lamentarsi sugli ultimi incendi, la cui impronta si percepisce sui pendii anneriti che si distinguono verso ovest. E quando il fuoco arriva al cereale, ¡buuuuuuuuu! E muove le braccia verso destra velocemente per simulare la propagazione incontrollata delle fiamme. Un disastro -conclude.

Secondo il nostro contadino loquace, la colpa è degli ecologisti, perché per qualsiasi cosa bisogna chiedere il permesso. Non si può pulire il monte, né danno i permessi per far uscire gli animali, niente di niente. E sempre peggio.

En Los Arcos nos reciben con cautela / A Los Arcos ci ricevono con cautela

Dopo il suo discorso rivendicato, saluta e se ne va. Quando arriviamo alla famosa rotonda, lasciamo la solitudine della senda forestale e cominciamo a notare molti altri pellegrini, le cui facce e voci iniziano a risultarci familiari.

Sansol, el último capítulo antes de Torres del Río / Sansol, l’ultimo capitolo prima di Torres del Río

La tratta fino a Los Arcos è lunga e monotona, ma quando ne sono passati tre dei nove chilometri totali, ci sorprende un food truck di due irlandesi che offrono bibite e cibo a un prezzo ragionevole. Serve questo oasi di felicità, collocato strategicamente sotto l’ombra dei pini, per rincontrarci con alcune facce conosciute, oltre che per idratarci come si deve e per mangiar qualcosa di leggero (tra le altre cose, un buonissimo gazpacho), e infine per sapere che alcuni pellegrini pensano di concludere la giornata a Los Arcos. In questo momento ci sembra una saggia decisione, ma a lungo andare magari non compensa, poiché in quel modo si dovranno affrontare due tappe difficili consecutivamente: quella di Logroño di 29 Km il giorno dopo e quella di Nájera di quasi 30. Ci convinciamo, quindi, che anticipare la penitenza potrà essere benefico.

Ci restano ancora sei chilometri circa fino a Los Arcos e altri otto per Torres del Río. Il paesaggio non manca di bellezza, è vero, ma il fatto che il sole faccia il suo seguito assieme alla stanchezza tipica di ogni fine giornata rendono il proseguo del cammino particolarmente duro. Bisogna arrangiarsi per coprirsi il più possibile. Lo zaino sembra dislocarsi ogni due minuti e quando si afferra al corpo, si direbbe che lo fa piantando le unghie nella prima parte del corpo che trova libera.

Cristo de la Iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Río Fotografía de Andrea Zuppa.

La conversazione può aiutare ad alleggerire il supplizio. Mi metto a parlare con Ana, una delle due colombiane con cui ci siamo incrociati qualche volta negli ultimi giorni. Si trova disorientata perché la sua compagna di viaggio ha fatto oggi voto di silenzio. Ha preso la pastiglia del silenzio, e io ho bisogno di parlare -spiega. Vive in Spagna da anni, nella zona di Roncisvalle, e da sempre ha provato ammirazione per i pellegrini. Camminerà fino a Logroño.

Quando arriviamo a Los Arcos, loro due come molti altri spariscono. Noi entriamo in un negozio per comprar qualcosa di mangiare e lo scudiero compra anche un cappello per il sole, che crede sia più efficace del cappellino con cui affronta le traversate del deserto. Dopo quella pausa, di cui ringraziamo, affrontiamo gli otto chilometri più duri di quanti abbiamo percorso finora, nei quali tutte le sensazioni negative so intensificano. Ma L fede non diminuisce perché le mappe parlano. Tutto arriverà. Sappiamo che proprio davanti a Torres troveremo Sansol. Coloro che non sono informati si spaventeranno. È attaccato al traguardo finale e i pellegrini crederanno leggendo il suo nome di aver sbagliato. Ma no. Nascosto dietro Torres. Finalmente. Missione compiuta.

Pensieri del giorno

Per sapere com’è andata la giornata, bisogna sempre aspettare fino alla fine.

Non fare domani quello che puoi fare oggi.

Goditi l’ombra finché puoi.
Goditi l’oasi,
bevi dalla fontana.
Tutto finisce.

Poesia di Travesía

Con il testo Come piccole bolle inizia il capitolo dell’adolescenza di Travesía. In quei versi ho ho cercato di stabilire un parallelismo tra le vesciche dei piedi durante il Cammino e le poesie nell’adolescenza. Entrambi vengono fuori apparentemente senza un ordine chiaro come conseguenza di un’attività intensa (camminare, crescere), necessaria per sviluppare la propria personalidad, ma implicano anche una certa dose di sofferenza. Le poesie (come altri scritti adolescenziali) nascono spesso in un contesto di disagio profondo molto sgradevole. Se sono utili è perché ci si ferma per riflettere su come risolvere il problema. Ci saranno dei momenti in cui crederai che siano spariti, ma prima o poi scoprirai che tornano sempre.

Non so perché si formano, 
eppure mi affeziono e le chiamo per nome.

Valerio Magrelli
Nascono senza avvisarti, 
come piccole bolle sotto i piedi. 
Ti siedi un attimo,ti esamini con cura le piante: 
la destra, la sinistra e non c’è niente che giustifichi il bruciore,
niente quella sensazione di fuoco tra le dita 
che nel riprendere la marcia si ripete.
A quell’età 
in cui tutto sembra irreale e incostante 
arrivano per restarci, 
anche se si nascondono, 
anche se sono invisibili e si notano 
soltanto quando vogliono fermarti.
Che tu la smetta 
di fare quello che ora stai facendo,
e ti osservi in dettaglio.
Che guardi dove sei e dove sei andato,
la rotta che hai tracciato, 
quella che vuoi 
intraprendere in quel pascolo vergine 
e non ci sei riuscito.

Scoprirai che a volte ti abbandonano 
per farti credere che sei già libero.
E invece sempre tornano 
le poesie.

6 comentarios sobre “El Camino Inverso / Il Cammino Inverso. Jornada 6 / Giornata 6: Estella – Torres del Río

  1. ¡Volvieron los poemas! ¡Un oasis en estos días de calor! Ustedes encuentran gente cada dos por tres y aquí es el vacío total, o se tomaron la «pastilla del silencio» -como cuentas de la colombiana- o estarán de vacaciones… Debe ser un placer poder intercambiar -aunque sean pocas palabras- con tantas personas distintas.
    ¡Qué valiente el escudero! Yo no bebería nada de una… 😛

    Le gusta a 1 persona

  2. Como en la vida. Encontrarás cuestas, de subida o de bajada. Saldrán ampollas. Conocerás a gente, unos se quedarán y otros seguirán su camino.
    Il Cammino è la vita stessa condensata in pochi giorni.
    ¡Forza Francesco!

    Le gusta a 2 personas

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