Aljezur – Arrifana

Descripción previa de la etapa (rotavicentina.com)
Información de la etapa realizada
Vídeo de la etapa

Mar y montaña / Mare e monti

[ESPAÑOL]

La etapa de hoy ha ofrecido un sano equilibrio entre paisajes terrestres y marítimos, lo que le ha dado un toque interesante. Como esas personas encantadoras que están lejos de ser perfectas, pero que tienen atractivos para todos los gustos. La salida de Alzejur ha requerido, como la de ayer, piernas despiertas y respiración profunda. Hemos vuelto por nuestros pasos de la víspera hasta el centro del pueblo, subido en dirección a la iglesia de la Misericordia y, una vez encaramados en lo más alto, hemos bajado de nuevo para entrar en un paraje hermoso, una gran dehesa de alcornoques que llenaba la panorámica en todas las direcciones y nos motivaba para caminar en busca del océano.

Aljezur
Aljezur

Llevábamos varios kilómetros superando colinas y adaptándolos al relieve como podíamos, cuando hemos llegado a una carretera poco frecuentada a esas horas. A partir de ahí el paisaje cambia. La vegetación se hace más baja y a lo lejos ya se adivina el horizonte costero hacia el que nos encaminamos. En este segundo tramo el ritmo es más acelerado y, como pasa siempre por la mañana, nos parece que vamos más rápido que nunca y concluiremos la etapa mucho antes de lo esperado… 🤦🏻

Castillo de Aljezur
Amanecer en la dehesa / Alba nella dehesa

A unos cientos de metros de la costa nos liamos por las calles de una urbanización, decidimos cortar por lo sano retomando la carretera y, como consecuencia, nos perdemos la Praia da Amoreira, que a aquellas horas debía de estar repleta de surfistas 🤷🏻‍♂️. La cuestión no nos importa demasiado porque enseguida nos topamos con la Praia do Monte Clérigo, que además de darnos una oportunidad para un refrigerio, nos recrea la vista y nos consuela del error recién cometido. Se han concentrado alrededor de esta preciosa playa unas pequeñas casas que le dan al ambiente un toque pintoresco. Después de la pequeña pausa, subimos de nuevo hacia el borde del acantilado sur, y otra vez se nos descubre todo el perfil de la costa infinita y su océano revuelto que nos deslumbra como si lo acabáramos de conocer. El escudero se deja llevar por el ímpetu fotográfico y no deja rincón sin instantánea.

La dehesa de Aljezur

A partir de ese punto caminamos por un buen trecho paralelos a la costa, protegidos del sol por unas nubes oscuras que no acaban de concretar amenaza alguna y refrescados por un viento templado que nos seca el sudor y nos saca una sonrisa.

De camino hacia la costa

El siguiente punto particularmente interesante es la Ponta da Atalaia, un cabo prominente desde donde el observador se siente abrazado a partes iguales por el viento y por las olas. Justo en este espacio se conservan unos minúsculos vestigios de lo que fue el Ribat de Arrifana, complejo militar, conventual y académico fundado en el s. XII por Ibn Qasī, personaje relevante de la época, una mezcla de eremita, guerrero y santo. Me llama la atención sobre todo la elección del lugar, sin duda propicio para la contemplación de la divinidad, el estudio y la concentración.

Praia do Monte Clérigo (2)
Praia do Monte Clérigo

El último tramo hasta la Praia de Arrifana se hace más duro, como de costumbre, y nos hace olvidar nuestros presagios optimistas de la mañana. El tiempo no invita al baño, pero la hora es propicia para comer como es debido. Desde que estamos en Portugal nunca hemos buscado mucho dónde comer. La táctica ha sido más o menos la de “aquí te pillo, aquí te mato”. Ningún local nos ha decepcionado. Hoy hemos entrado también en el primero que hemos visto nada más entrar en la playa de Arrifana. Perfecta elección. Una mezcla entre tradicional y elaborado que ha sabido a premio especial. Después de la caminata ha sido como subir al podio. Oro ex aequo para los caminhantes. Después de todo, ya sabemos, se hace apetito al andar.

Casa de la Praia do Monte Clérigo
Praia do Monte Clérigo (3)

[ITALIANO]

La tappa di oggi ha offerto un sano equilibrio tra paesaggi di terra e di mare, e questo le ha conferito un fascino particolare. Come quelle persone incantevoli che sono ben lontane dall’essere perfette, ma hanno qualcosa capace di attrarre tutti i gusti. La partenza da Aljezur ha richiesto, come quella di ieri, gambe ben sveglie e respiri profondi. Abbiamo ripercorso i passi del giorno precedente fino al centro del paese, siamo saliti in direzione della chiesa della Misericordia e, una volta raggiunto il punto più alto, siamo ridiscesi per entrare in un luogo magnifico: una vasta distesa di querce da sughero che riempiva il panorama in ogni direzione e ci invogliava a camminare alla ricerca dell’oceano.

Junto a la Praia do Monte Clérigo

Avevamo già percorso diversi chilometri superando colline e adattando il passo al terreno come meglio potevamo, quando siamo arrivati su una strada poco frequentata a quell’ora. Da lì il paesaggio cambia. La vegetazione si fa più bassa e, in lontananza, comincia già a intuirsi l’orizzonte della costa verso cui siamo diretti. In questo secondo tratto il ritmo si fa più sostenuto e, come succede sempre al mattino, ci sembra di andare più veloci che mai e di poter concludere la tappa molto prima del previsto… 🤦🏻

A poche centinaia di metri dalla costa ci ingarbugliamo tra le strade di una zona residenziale; decidiamo di tagliare corto e riprendere la strada principale e, come conseguenza, ci perdiamo la Praia da Amoreira, che a quell’ora doveva essere gremita di surfisti 🤷🏻‍♂️. La cosa, in fondo, non ci dispiace troppo, perché poco dopo ci imbattiamo nella Praia do Monte Clérigo che, oltre a offrirci l’occasione per rifocillarci, appaga lo sguardo e ci consola dell’errore appena commesso. Intorno a questa splendida spiaggia si raccolgono alcune casette che conferiscono all’ambiente un’aria pittoresca. Dopo la breve sosta risaliamo verso il ciglio della scogliera meridionale e, ancora una volta, davanti a noi si dispiega l’intero profilo della costa infinita e del suo oceano inquieto, che ci abbaglia come se lo vedessimo per la prima volta. Lo scudiero si lascia trascinare dall’impeto fotografico e non c’è angolo che sfugga al suo obiettivo.

Ponta da Atalaia
Restos del Ribat da Arrifana

Da quel punto camminiamo per un lungo tratto parallelamente alla costa, protetti dal sole da nuvole scure che non arrivano mai a trasformarsi in una vera minaccia e rinfrescati da un vento tiepido che ci asciuga il sudore e ci strappa un sorriso.

Il successivo punto di particolare interesse è la Ponta da Atalaia, un promontorio proteso sul mare dal quale chi osserva si sente abbracciato in egual misura dal vento e dalle onde. Proprio qui si conservano minuscole vestigia di quello che fu il Ribat di Arrifana, complesso militare, conventuale e accademico fondato nel XII secolo da Ibn Qasī, figura di rilievo dell’epoca, un curioso connubio di eremita, guerriero e santo. A colpirmi è soprattutto la scelta del luogo, senza dubbio propizio alla contemplazione del divino, allo studio e al raccoglimento.

L’ultimo tratto fino alla Praia da Arrifana si fa più duro, come di consueto, e ci fa dimenticare i nostri ottimistici presagi del mattino. Il tempo non invita a fare il bagno, ma l’ora è quella giusta per mangiare come si deve. Da quando siamo in Portogallo non ci siamo mai dati troppo da fare per cercare un posto dove mangiare. La tattica è stata più o meno quella del «dove capita, capita». E nessun locale ci ha ancora deluso. Anche oggi siamo entrati nel primo che abbiamo visto appena arrivati alla spiaggia di Arrifana. Scelta perfetta. Un connubio tra tradizione e cucina più elaborata che ci è sembrato un premio speciale. Dopo la camminata è stato come salire sul podio. Oro ex aequo per i caminhantes. In fondo, ormai lo sappiamo: l’appetito vien camminando.

Praia de Arrifana

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