Cenizas

Cenizas es un libro de relatos nacidos en tiempos diferentes y en circunstancias diversas, por esa razón tal vez al lector le pueda parecer que han nacido de varios autores. Una humilde familia filipina que se traslada a la metrópoli; un niño de pueblo destinado a superar las frustraciones de su madre; las últimas horas de un papa y las de una anciana ignorada por el médico; desconocidos que quieren amarse y no se encuentran, mientras otras parejas se aman con tranquilidad o con desenfreno; jóvenes que pierden la vida de un modo absurdo; personajes cuyas existencias se entrelazan sin que ellos se den cuenta; una familia que se disuelve en el día a día como un azucarillo en el café; seres humanos que se enfrentan a su futuro con resignación, con miedo o con la determinación necesaria para llevar las riendas… Pero observe el lector con atención que tienen algo en común: la temperatura elevada, la textura vaporosa y el olor intenso que dejan las cenizas en el ambiente, una vez que la combustión ha terminado.

VOLVER A VERSE
Nos vimos por primera vez en la estación. Por primera y última, en realidad, porque después no hemos vuelto a coincidir. Desde entonces intento ir a diario. Los días laborables me basta con entretenerme tras el trabajo con cualquier excusa: en los escaparates, la cafetería, fingiendo que observo atentamente los horarios de los trenes como si no me los supiera de memoria... pero nada, he buscado por todas partes sin éxito.

Recuerdo el pequeño encontronazo hombro con hombro, las disculpas aturulladas, el pequeño rubor casi imperceptible. A los pocos segundos me di la vuelta y me topé de nuevo con su mirada, tan curiosa como la mía, que se había girado también para llevarse una última imagen de mí quién sabe adónde.

Los fines de semana también me escapo cuando puedo, doy una vuelta por el vestíbulo de las taquillas y compro pan recién hecho en el supermercado. Luego subo a una de las vías al azar, la elijo sin pensar demasiado, apelando a un sexto sentido que quizá no tengo, y desde el andén me fijo en los trenes. Los transeúntes, los viajeros, el personal de la estación.

Me queda poco tiempo. Su rostro palidece en mi memoria.

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