Tucumán, la inesperada

[ESPAÑOL]

Nuestra agenda no preveía que pasáramos el día 7 en Tucumán. Esta tenía que ser solo una ciudad de paso. Sin embargo, dadas las circunstancias, improvisamos una solución a nuestros problemas que incluía quedarnos en esa ciudad hasta las seis de la tarde. A esa hora nos esperaba otro ómnibus con el que llegaríamos hasta Mendoza después de quince horas de viaje por carretera.

Empatodo – empanadas

Por la mañana, tras disfrutar del buenísimo buffet del desayuno (pequeña recompensa a los sinsabores de las últimas horas), fuimos hasta la oficina de turismo de Plaza Independencia para recabar información sobre las atracciones más interesantes.

Era obvio que, en caso de tener tiempo para dedicar al turismo en Tucumán, lo primero que iba a hacer era visitar la casa natal de Mercedes Sosa, que solo mencionó la chica de la oficina cuando le pregunté por ella. Estaba más por la labor de subrayar la historia con mayúsculas y a los próceres de la patria.

Entrada a la casa natal de Mercedes Sosa

En cuanto escuchas a los oriundos del lugar, recuerdas que estás en la tierra de la La Negra Sosa, pues sus erres características salpican la conversación como si fueran goterones de una lluvia de verano.

El baño, por favor —le pregunté al camarero durante el desayuno.

Detrás de la barra, a la derecha de la recepción —y ahí estaban sus erres acolchadas y sonoras para que no se me olvidara dónde me encontraba.

Esa fue, pues, la primera visita. El museo instalado en la que fuera su casa natal, cuyo espacio fue recuperado hace unos años, recoge materiales muy interesantes sobre sus inicios, su carrera artística y su significación política. Incluye paneles informativos, documentos sonoros, pantallas interactivas y muebles de la época que recrean el ambiente familiar. Es un espacio pequeño, pero muy bien pensado. Gabriel Miremont, que ha trabajado en muchos otros espacios expositivos del país, es el museólogo responsable del proyecto.

Tuvimos también la ocasión de hablar con la directora, Silvia Susana Hortt, que fue muy amable y nos contó, entre otras muchas cosas, que el museo depende de la provincia de Tucumán, y que es voluntad del gobierno que su entrada sea totalmente gratuita.

Una de las primeras salas del museo

La siguiente visita, después de una parada técnica en una cafetería donde nos sirvieron un café buenísimo, fue al Museo Histórico Provincial, instalado en una casa del s. XIX propiedad de la familia de Nicolás Avellaneda, Presidente de la nación (1874-1880). En él se expone una gran cantidad de objetos interesantes: monedas, mapas, documentos históricos y objetos personales. La verdad es que mereció la pena, pero lo recorrimos rápidamente porque no teníamos mucho tiempo y nos dimos cuenta de que, en realidad, nos habíamos equivocado: el lugar que estábamos buscando era la Casa Histórica de Tucumán, donde se firmó el tratado de Independencia del país, que está situado en la misma calle 🤷🏻‍♂️.

A continuación corrimos hasta la Casa de Gobierno, sede de la Provincia. Es un edificio clásico de estilo francés situado en Plaza Independencia, que desde fuera me recordaba a la Ópera de París. Para visitarlo, hay que respetar una serie de horarios de visitas guiadas gratuitas, de ahí que tuviéramos que darnos prisa. Dichas visitas se limitan al llamado Salón Blanco, espacio noble del edificio que se utiliza para eventos importantes, y la tumba de Juan Bautista Alberdi, tucumano ilustre y padre de la Constitución argentina.

El exilio de Mercedes Sosa

Según la guía, las pinturas que decoran el Salón Blanco no son frescos, sino óleos sobre lienzo que posteriormente se han aplicado a las paredes y a los techos. Su autor es el valenciano Julio Vila i Prades, de la escuela de Joaquín Sorolla, e incluyen muchísimos símbolos referidos a la nación argentina, su flora y fauna, su lucha por la independencia y la constitución aprobada como consecuencia de esta. La inauguración del espacio en 1916 sirvió para celebrar el primer centenario de la independencia.

Tanto la técnica como los temas de la pinturas de esta sala son muy originales, pero mucho más lo era la señora que nos lo explicaba todo con espíritu de maestra, de las de la vieja escuela. De hecho, nos tuvo unos diez minutos esperando antes de empezar para poder añadir a nuestro grupo a cuatro o cinco clases de una escuela de Santiago del Estero con sus respectivos profesores. Antes de su llegada, también los adultos nos habíamos convertido en menores a los que había que marcar los límites y mantener a raya. Posteriormente cualquier dato de su explicación llegaba precedido de preguntas exploratorias para que los adolescentes dieran sus respuestas, a coro a ser posible, si no querían que la puntillosa enseñante se las hiciera repetir medio enfadada. No era antipática ni arisca, pero confundía a los turistas con soldados a sus órdenes con poca disposición para obedecer al superior.

Como se nos estaba haciendo tarde y teníamos que pasar por el hotel a retirar las mochilas, nos fuimos pitando hacia la Casa Histórica, también conocida simplemente como la casita de Tucumán. En este edificio de rasgos coloniales, se firmó el 9 de julio de 1816 el acta de independencia, en el ámbito del Congreso de Tucumán, que declaró a las Provincias Unidas del Río de la Plata independientes de cualquier potencia extranjera.

El lugar es precioso y posee una gran carga simbólica para los argentinos. Una pena que no pudiéramos disfrutarlo más despacio, porque el tiempo apremiaba y teníamos que tomar nuestro ómnibus para el desplazamiento más largo de todos. ¿Nos volverían a retener el la carretera o llegaríamos sanos, salvos y puntuales a nuestro destino? En cuestión de horas resolveríamos el enigma.

Fachada principal de la Casa de Gobierno
Salón Blanco de la Casa de Gobierno

[ITALIANO]

Nel nostro programma non era previsto che il 7 agosto lo passassimo a Tucumán: doveva essere solo una città di transito. E invece, date le circostanze, abbiamo dovuto improvvisare una soluzione ai nostri problemi che includeva una sosta forzata fino alle sei del pomeriggio. A quell’ora ci attendeva un altro ómnibus, con cui avremmo raggiunto Mendoza dopo forse quindici ore di viaggio su strada.

Tumba de Juan Bautista Alberdi

La mattina, dopo aver goduto dell’ottimo buffet della colazione (piccola consolazione per le amarezze delle ultime ore) ci siamo diretti all’ufficio turistico di Plaza Independencia per raccogliere informazioni sulle attrazioni più interessanti.

Era chiaro che, avendo un po’ di tempo per fare i turisti a Tucumán, per me la prima cosa da fare era visitare la casa natale di Mercedes Sosa. La ragazza dell’ufficio, però, l’ha menzionata solo quando gliel’ho chiesto io: era molto più concentrata a sottolineare la Storia, quella con la “S” maiuscola, e i grandi eroi della patria.

Basta ascoltare i nativi del posto per ricordarsi subito che ci si trova nella terra de La Negra Sosa: le loro “erre” caratteristiche punteggiano la conversazione come gocce grosse di un acquazzone estivo.

Quiero dar un paseo. Foto de Andrea Zuppa.

—Il bagno, per favore —ho chiesto al cameriere durante la colazione.
Detrás de la barra, a la derecha de la recepción (‘Dietro il bancone, a destra della reception’) —e lì c’erano, morbide e sonore, le sue “erre”, a ricordarmi esattamente dove mi trovavo.

Quella è stata dunque la nostra prima visita: il museo allestito nella casa natale di Mercedes Sosa, recuperata alcuni anni fa e trasformata in uno spazio che raccoglie materiali preziosi sui suoi inizi, sulla sua carriera artistica e sul suo impegno politico. Ci sono pannelli informativi, documenti sonori, schermi interattivi e mobili d’epoca che ricreano l’atmosfera familiare. È uno spazio piccolo, ma pensato con grande cura. Il progetto museale porta la firma di Gabriel Miremont, già autore di numerosi altri allestimenti in giro per il Paese.

Pasión y éxodo. Foto de andrea Zuppa.

Abbiamo avuto anche l’occasione di parlare con la direttrice, Silvia Susana Hortt, molto gentile, che ci ha raccontato, tra le tante cose, che il museo dipende dalla provincia di Tucumán e che, per volontà del governo, l’ingresso è completamente gratuito.

La tappa successiva è stata il Museo Storico Provinciale, ospitato in una casa dell’Ottocento appartenuta alla famiglia di Nicolás Avellaneda, Presidente della Nazione tra il 1874 e il 1880. All’interno si trova una ricca collezione di monete, mappe, documenti storici e oggetti personali. Valeva senz’altro la visita, ma l’abbiamo percorsa in fretta perché il tempo stringeva… ed è stato proprio allora che ci siamo resi conto di aver sbagliato meta: il luogo che stavamo cercando era in realtà la Casa Storica di Tucumán, dove venne firmato il trattato di indipendenza del Paese e che si trovava proprio sulla stessa via 🤷🏻‍♂️.

¿Qué tienes? Foto de Andrea Zuppa.

Ci siamo poi precipitati verso la Casa de Gobierno, sede della Provincia. È un elegante edificio in stile classico francese, situato in Plaza Independencia, che dall’esterno mi ha ricordato subito l’Opéra di Parigi. Per visitarlo bisogna rispettare degli orari prestabiliti per le visite guidate gratuite, motivo per cui abbiamo dovuto affrettarci. Il tour si limita al cosiddetto Salón Blanco, lo spazio più nobile dell’edificio, usato per eventi ufficiali di rilievo, e alla tomba di Juan Bautista Alberdi, illustre figlio di Tucumán e padre della Costituzione argentina.

La guida ci ha spiegato che le pitture che decorano il Salón Blanco non sono affreschi, ma oli su tela applicati successivamente a pareti e soffitti. L’autore è il valenciano Julio Vila i Prades, della scuola di Joaquín Sorolla, e le opere racchiudono una moltitudine di simboli legati alla nazione argentina: la sua flora e fauna, la lotta per l’indipendenza e la Costituzione approvata in seguito. L’inaugurazione della sala, nel 1916, fu l’occasione per celebrare il primo centenario dell’indipendenza.

Catedral de San Miguel de Tucumán en Plaza Independencia

La tecnica e i temi delle pitture sono davvero originali… ma ancora più singolare era la signora che ci stava illustrando tutto, con lo spirito di una maestra d’altri tempi.
Infatti, ci ha fatto aspettare una decina di minuti prima di cominciare, per poter aggregare al nostro gruppo quattro o cinque classi di una scuola di Santiago del Estero, accompagnate dai rispettivi insegnanti. Nel frattempo, anche noi adulti siamo stati trattati come scolari a cui bisognava marcare i confini e tenere sotto controllo. Ogni informazione della sua spiegazione arrivava preceduta da domande esplorative, alle quali i ragazzi dovevano rispondere in coro, se non volevano che la puntigliosa insegnante li facesse ripetere, mezzo indispettita. Non era né scortese né scontrosa, ma sembrava confondere i turisti con soldati poco inclini a obbedire al superiore.

Poiché si stava facendo tardi e dovevamo passare in hotel a recuperare gli zaini, siamo corsi verso la Casa Histórica, conosciuta anche semplicemente come la casita de Tucumán. In questo edificio in stile coloniale, il 9 luglio 1816 fu firmato l’atto di indipendenza, nel contesto del Congresso di Tucumán, con il quale le Province Unite del Río de la Plata si dichiararono indipendenti da qualsiasi potenza straniera.

Escudo argentino. Casa Histórica de Tucumán.
Recreación del escenario en que se firmó el Acta de Independencia

Il luogo è splendido e carico di significato per gli argentini. Peccato non aver potuto dedicargli più tempo: l’orologio correva e dovevamo prendere il nostro ómnibus per quello che sarebbe stato il trasferimento più lungo di tutti. Ci avrebbero fermato di nuovo lungo il tragitto o saremmo arrivati sani, salvi e puntuali a destinazione? Nel giro di poche ore, avremmo potuto risolvere l’enigma.

Sobre el origen del término Argentina

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