Narcotráfico internacional y conexiones aéreas

[ESPAÑOL]

Nunca me habría podido imaginar que nuestros planes de viaje sufrirían cambios importantes por culpa del narcotráfico internacional. Así, como suena. La jornada del día 6, que debería haber sido una de las más anodinas, se convirtió en la más absurda de todas por culpa de cinco individuos que actuaban como mulas en el ómnibus que nos llevaba desde San Salvador de Jujuy a Tucumán, donde teníamos que tomar un vuelo a Mendoza (vía Buenos Aires). Y al decir que actuaban como mulas, no me refiero a que se expresaran por medio de rebuznos ni que dieran coces en caso de cabreo, sino que transportaban en su cuerpo una cierta cantidad de coca en forma de cápsulas, a riesgo de tener un gran problema de salud si alguna de ella se rompía.

Ya a las dos de la mañana, fisgando por la Terminal de Humahuaca mientras esperábamos que llegara nuestro primer autocar, con destino San Salvador, vimos un cartel que encerraba un presagio sutil, demasiado críptico aún para dos cerebros adormecidos: “Se recuerda que está prohibido el envío de hojas de coca en cualquier proporción. Podrá ser secuestrada por cualquier autoridad nacional competente”. Claro, nuestro episodio rocambolesco no se debe a la coca en su estado natural, sino en otro mucho más elaborado y polvoriento.

Cartel de la empresa Balut en una oficina de la terminal de Humahuaca.

Puestos de control de la gendarmería por la carretera habíamos visto muchos, no solo en nuestros desplazamientos por la provincia de Jujuy, sino también en los de los días anteriores. Hasta la fecha, en ninguno nos habían parado, por eso cuando el autobús se hizo a un lado de la carretera poco después de pasar la localidad de Trancas (a poco menos de una hora de Tucumán), pensé que se trataría de un control rutinario que nos tocaba por pura estadística, sin ser consciente de que a más de uno en ese momento un sudor frío le debía de estar humedeciendo la frente. El nombre del pueblo en cuestión era el segundo presagio del día: íbamos a salir de allí a trancas… y barrancas.

Terminal de San Salvador

Otro indicio de que la situación en la que nos estábamos adentrando era berlanguiana se produjo cuando el primer gendarme subió al piso de arriba y acercándose a la primera fila nos pidió los pasaportes. Primero controló el del japonés que estaba al otro lado del pasillo y que había alternado momentos de sueño profundo con la cabeza colgando, con otros de frenesí fotográfico desaforado. En estos parecía estar inmortalizando decenas de moscas que solo existían en su imaginación. El gendarme a continuación miró el de Andrea y su cara se llenó de alegría incontrolable.

— Yo sé decir una frase en italiano: Baciami e fammi dimenticare il mondo (‘Bésame y haz que me olvide del mundo’).

Muy romántico —pensé. No me lo esperaba viniendo de un gendarme.

Humahuaca-Tucumán, la que iba a ser nuestra primera etapa de viaje del día 6 (con cambio y espera de dos horas en San Salvador de Jujuy).

Como quizá se pueda imaginar, no se trataba de un agente con malos modales y actitud prepotente, al contrario. Para empezar, todos los policías y militares, guardias varios y demás personal de seguridad que hemos visto durante nuestro viaje nos han parecido muy jóvenes. Muchos veinteañeros, al menos en apariencia. Dan una impresión de inexperiencia que luego se desvanece cuando necesitas preguntarles algo o los ves intervenir. Incluso en varios lugares hemos visto “policía turística”, lo cual transmite una sensación de tranquilidad al visitante extranjero. Además de jóvenes, suelen ser bastante cordiales, pero una intervención de ese tipo nos dejó con los ojos como platos.

La espera se fue alargando. El conductor salió del vehículo y se puso a la sombra con la actitud de quien se va a echar un cigarrito para que la espera le sea leve. El cigarrito no se apreciaba desde arriba. Después de unos minutos aproveché que entró de nuevo en el autobús para bajar y preguntarle qué pasaba.

Primeros cerros a la vista

Los chicos llevan cápsulas y los tienen que llevar al hospital —me respondió con desgana. Me di cuenta de que tenía la mejilla llena a rebosar de hojas de coca, lo cual sustituía el cigarrito. ¿Había entendido bien? Me acordé de la película María llena de gracia / Mary full of grace. No tardé en comprobar que había entendido perfectamente.

En resumidas cuentas: la gendarmeria había recibido un chivatazo según el cual en nuestro autobús había algunas mulas entre aquellos pasajeros que provenían de Salvador Mazza, localidad fronteriza con Bolivia. Habían emprendido el viaje antes que nosotros subiéramos en Humahuaca. Los sospechosos debían ser llevados al hospital para ser sometidos a una serie de pruebas que eventualmente confirmaran el delito. Mientras tanto, pasaron más de dos horas y media en las que intentamos llamar a un Uber, que no encontró a nadie disponible, o un Cabifay, cuya aplicación directamente te decía que estábamos en medio de la nada y fuera de sus dominios. Como justificante de lo sucedido, las autoridades pusieron a disposición de los pasajeros, un único documento escrito a dos caras, medio arrugado y con muy mala legibilidad. Escaneado con el móvil, parecía una burda, falsificación realizada por principiantes.

Como consecuencia, perdimos el vuelo que nos tenía que llevar a Mendoza y nos vimos obligados a pernoctar en Tucumán. Después de instalarnos en el hotel, pasamos más de tres horas ocupados en desfacer entuertos. El precio para reprogramar los vuelos era desorbitado. Cambio de planes: saldremos de aquí en ómnibus en un trayecto de quince horas hasta Mendoza.

Hay pocas situaciones que no se puedan solucionar con un poco de flexibilidad y grandes dosis de pranayama. A veces la vida te da limones y hay que intentar convertirlos en mermelada de naranjas.

[ITALIANO]

Mai avrei immaginato che i nostri piani di viaggio sarebbero cambiati radicalmente… a causa del narcotraffico internazionale. Sì, proprio così. Quella che doveva essere una delle giornate più anonime dell’intero itinerario si è trasformata nella più assurda in assoluto, per colpa di cinque individui che facevano da mulas sul nostro ómnibus da San Salvador de Jujuy a Tucumán — dove avevamo un volo per Mendoza, con scalo a Buenos Aires. E quando dico che “facevano da mulas” non intendo che comunicassero a colpi di ragli o tirassero calci se contrariati, ma che trasportavano nel proprio corpo una certa quantità di capsule di cocaina. Una attività rischiosa, visto che la rottura anche di una sola di quelle capsule avrebbe potuto avere conseguenze letali.

Dirección obligatoria a la izquierda

Già alle due del mattino, alla Terminal di Humahuaca in attesa del primo autobus diretto a San Salvador, ci siamo imbattuti in un cartello che, col senno di poi, suonava come un presagio. In quel momento però era ancora troppo criptico per due cervelli intorpiditi dal sonno: “Si ricorda che è proibito inviare foglie di coca in qualsiasi quantità. Le autorità nazionali competenti sono autorizzate al sequestro.” Ovvio che la vicenda che ci aspettava non aveva a che fare con la coca nella sua forma naturale, ma con una versione molto più lavorata e “polverosa”.

Di posti di blocco della gendarmeria lungo la strada ne avevamo visti parecchi, non solo nei nostri spostamenti nella provincia di Jujuy, ma anche nei giorni precedenti. Fino a quel momento, nessuno ci aveva mai fermati.
Così, quando l’autobus si è accostato sul ciglio della strada poco dopo aver superato la località di Trancas (meno di un’ora da Tucumán), ho pensato si trattasse di un normale controllo: uno di quelli che, prima o poi, toccano a tutti per pura legge dei grandi numeri. Non potevo sapere che, proprio in quell’istante, qualcuno a bordo stava già sudando freddo. Il nome del paese (Trancas) si è rivelato un secondo segnale premonitore: da lì, infatti, saremmo usciti a… “trancas y barrancas” (‘con molta difficoltà’).

Il primo indizio che stavamo per entrare in una scena da film di Berlanga è arrivato con la salita del gendarme al piano superiore. Si è avvicinato alla prima fila e ci ha chiesto i passaporti. Ha controllato prima quello di un giapponese dall’altra parte del corridoio, che durante il viaggio aveva alternato sonni profondi (con la testa a penzoloni) a momenti di frenesia fotografica. Sembrava intento a immortalare decine di mosche che, forse, esistevano solo nella sua mente. Poi è passato al passaporto di Andrea. E all’improvviso, il suo volto si è illuminato.

— Io so dire una frase in italiano: “Baciami e fammi dimenticare il mondo” — ha dichiarato, orgoglioso.

Molto romantico, davvero. Non me lo aspettavo da un gendarme.

Los Andes, presencia constante.

Come si può forse immaginare, non si trattava affatto di un agente dai modi bruschi o dall’atteggiamento arrogante. Anzi. A dire il vero, durante tutto il viaggio, poliziotti, militari, guardie e personale di sicurezza ci sono sembrati giovanissimi. La maggior parte pareva avere poco più di vent’anni. All’inizio danno un’impressione di inesperienza, che però svanisce in fretta non appena gli si rivolge una domanda o li si vede agire. In più, in diverse località abbiamo notato la presenza della cosiddetta “polizia turistica”, che trasmette un certo senso di sicurezza a chi arriva da fuori. Oltre a essere giovani, spesso si mostrano anche cordiali. Ma quelle parole ci hanno comunque lasciati a bocca aperta.

L’attesa si è fatta sempre più lunga. L’autista è sceso dall’autobus e si è messo all’ombra con l’aria di chi si prepara a fumarsi una sigaretta, giusto per rendere la cosa più sopportabile.
La sigaretta, a dire il vero, dall’alto non si vedeva. Dopo qualche minuto, quando è rientrato, ho colto l’occasione per scendere e chiedergli cosa stesse succedendo.

I ragazzi hanno delle capsule, devono portarli in ospedale —mi ha risposto con aria stanca.
Solo allora ho notato che aveva la guancia completamente gonfia di foglie di coca: altro che sigaretta. Avevo capito bene? Mi è tornato subito alla mente il film María llena de gracia (Mary full of grace). La conferma è arrivata poco dopo: avevo capito benissimo.

Una destinazione incerta. Foto di Andrea Zuppa.

Morale della favola: la gendarmeria aveva ricevuto una soffiata secondo cui, tra i passeggeri provenienti da Salvador Mazza, (città di frontiera con la Bolivia) e saliti sull’autobus prima di noi, c’erano alcune “mule” del narcotraffico. I sospetti dovevano essere trasportati in ospedale per una serie di accertamenti che potessero confermare o smentire l’accusa. Nel frattempo, siamo rimasti lì fermi per oltre due ore e mezza col veicolo sequestrato, cercando invano di chiamare un Uber (nessun veicolo disponibile) o un Cabify, la cui app ci informava che eravamo nel mezzo del nulla, fuori da qualsiasi zona coperta dal servizio.

Come ricevuta dell’accaduto, le autorità hanno messo a disposizione dei passeggeri un solo foglio, stampato fronte-retro, malridotto e poco leggibile. Scansionato col cellulare sembrava un falso improvvisato da un dilettante.

Risultato? Abbiamo perso il volo per Mendoza e siamo stati costretti a passare la notte a Tucumán. Dopo esserci sistemati in hotel, è cominciata la missione “riparazione dei danni”. Il prezzo proposto i per riprogrammare i voli era esorbitante. Cambio di strategia: partiremo in ómnibus, con un bel tragitto di quindici ore fino a Mendoza.

Ci sono poche situazioni che non possano essere affrontate con un po’ di flessibilità… e abbondanti dosi di pranayama. A volte la vita ti dà limoni — e sta a noi provare a trasformarli marmellata di arance.

Llegada a Tucumán. A veces la vida te da limones.

5 comentarios sobre “Narcotráfico internacional y conexiones aéreas

Replica a franciscodelmoralm Cancelar la respuesta