De Purmamarca a Tilcara

[ESPAÑOL]

Cuando organizamos nuestro viaje hace unos meses, decidimos un poco a ciegas buscar alojamiento en Purmamarca y utilizarlo como base para ver otros sitios cercanos, probablemente, porque es el lugar desde donde parten excursiones hacia las Salinas Grandes, que todo el mundo nos aconsejaba ver. Así que, después de llegar el día dos medio dormidos, descansar a deshora y salir más tarde para dar un paseo exploratorio y cenar algo, la mañana del domingo 3 de agosto, la dedicamos a recorrer el Paseo de los Colorados e ir al mirador del Porito para disfrutar de las mejores panorámicas del famoso cerro de los siete colores.

Por el Camino de los Colorados
Por el Camino de los Colorados. Foto de Andrea Zuppa.

Como nos despertamos temprano, hicimos el recorrido solos y lo disfrutamos de lo lindo. Son apenas 45 minutos de caminata por un sendero de tierra que te lleva en un itinerario semicircular entre los cerros agrestes, terrosos, ocres, verdosos, amarillentos, rosáceos…

Prohibido escalar los cerros

Por mucho que gusten, las fotos no pueden dar una idea fidedigna de lo que se experimenta subiendo y bajando por aquellas cuestas amables similares a un paisaje de ciencia ficción, ambientado en un planeta desconocido. Estando allí mismo, mirabas por el visor del móvil, alejabas a continuación los ojos del aparato y llegabas a la conclusión de que algo no cuadraba. Ya sé que hacer fotos está genial, pero en un paisaje como este (lo pensé también en las cataratas) sería mejor dejarse de sucedáneos y disfrutar del panorama con todo el cuerpo.

Cactus y tierra colorada

Poco después de las diez, tomamos el autobús para llegar a Tilcara (a una media hora de carretera), población mucho más grande que Purmamarca y que merece una visita. de hecho, pensamos que tal vez habría sido mejor tenerla como base de operaciones para conocer toda la quebrada.

Por el Camino de los Colorados (2)
Por el Camino de los Colorados (3). Foto de Andrea Zuppa.

Los principales atractivos de Tilcara son: la plaza central, con su mercadillo de artesanías, el mercado municipal (mucho más pensado para los locales, al contrario que el primero), la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, el Pucará, la garganta del diablo (nombre poco original para otras cataratas) y el museo de José Antonio Terry.

Cerro de los siete colores
Desde el Porito
Desde el Porito (2)
Desde el Porito (3). Foto de Andre Zuppa.

En el mercado municipal, que es bastante pequeño, una vez superada la parte dedicada a la ropa, es muy interesante adentrarse entre los puestos de comestibles. La fruta, la verdura, las hierbas, las especias, la carne expuesta a veces con estándares higiénicos que nos llaman la atención y de animales poco habituales para nuestras costumbres, como la llama. Toda esa parte es vistosísima y a ello contribuyen las vendedoras con sus atuendos tradicionales. Enseguida te entran ganas de sacar otra vez la cámara y casi al mismo tiempo te asaltan los remordimientos. ¿Estaré tratando tal vez a estas personas como si fueran objetos decorativos? Así que traté de fotografiar el género y solo alguna vez saqué de refilón alguna de las señoras que vendían. Pecado venial, supongo.

Bienvenidos a Tilcara. Foto de Andrea Zuppa.

El Pucará es la reconstrucción de un poblado preincaico de los tilcaras, que fueron sometidos en el siglo XV por los incas y más tarde por los españoles. La recreación es de principios del siglo XX y tal vez por ello se tomaron demasiadas libertades. Pero, en cualquier caso, respeta los cimientos de las construcciones primitivas. Estas salpicada de cactus y, a pesar del sol implacable ha resultado interesante.

Mercado municipal
Vendedora del mercado municipal. Foto de Andrea Zuppa.

La excursión hasta las cataratas hubiera requerido demasiado tiempo, por tanto, renunciamos a ella, sin mucho esfuerzo, dada la dosis de cataratas a la que nos hemos sometido últimamente. De modo que el último capítulo de nuestra fugaz visita a Tilcara ha sido el museo José Antonio Terry, pintor de Buenos Aires afincado en este pueblo, que lo fascinó en su juventud. Su obra se extiende hasta mediados del siglo pasado y tiene la particularidad de ser sordo de nacimiento, al igual que sus hermanas, también pintoras, de ahí que el museo dedique asimismo una parte de sus espacios a dar información sobre las lenguas de signos y la historia de la educación especializada alumnos, sordos en Argentina.

Mural del mercado municipal

[ITALIANO]

Quando, qualche mese fa, abbiamo cominciato a organizzare il viaggio, abbiamo scelto quasi alla cieca un alloggio a Purmamarca e abbiamo deciso di usarla come base per esplorare i dintorni. Probabilmente perché da lì partono la maggior parte delle escursioni dirette alle Salinas Grandes, che tutti ci avevano caldamente consigliato. Così, dopo l’arrivo del 2 agosto (mezzi addormentati), qualche ora di riposo fuori orario e una prima passeggiata esplorativa con cena annessa, la mattina di domenica 3 agosto l’abbiamo dedicata al Paseo de los Colorados e al belvedere del Porito, da cui si godono le viste migliori del celebre Cerro de los Siete Colores.

Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario
Vista lateral de la iglesia

Ci siamo svegliati presto e questo ci ha permesso di percorrere il sentiero in solitudine, godendoci ogni passo. Il percorso è breve (circa 45 minuti) e si snoda in un itinerario semicircolare tra colline aride, polverose, color ocra, verdognole, giallastre, rosa… uno spettacolo che pare uscito da un film di fantascienza ambientato su un pianeta sconosciuto.

Niña de Tilcara. Foto de Andrea Zuppa.

Per quanto siano belle, le foto non riescono a restituire davvero ciò che si prova camminando su e giù tra quei rilievi morbidi e surreali. Guardando attraverso l’obiettivo del telefono, poi tornando a guardare con gli occhi, ci si accorge che c’è qualcosa che non torna. Lo so, fare foto è bellissimo, ma in un paesaggio come questo (come già avevo pensato davanti alle cascate) forse vale la pena posare il telefono e lasciarsi attraversare da tutto con il corpo intero.

Mercadillo de artesanías de la plaza

Poco dopo le dieci, abbiamo preso l’autobus per Tilcara, a una mezz’ora di strada. Una cittadina molto più grande rispetto a Purmamarca e, in effetti, dopo averla visitata, ci è venuto da pensare che forse sarebbe stato più comodo usarla come base per esplorare tutta la Quebrada.

Tra le sue principali attrazioni: la piazza centrale con il mercato artigianale, il mercato municipale (molto più autentico e pensato per i residenti), la chiesa di Nuestra Señora del Rosario, il Pucará, la Garganta del Diablo (nome non proprio originale per delle cascate) e il museo José Antonio Terry.

Pucará de Tilcara
Pucará de Tilcara. Foto de Andre Zuppa.

Nel mercato municipale, piuttosto piccolo, una volta superata la parte dedicata all’abbigliamento, vale la pena addentrarsi tra le bancarelle alimentari. Frutta, verdura, spezie, erbe, carne esposta con standard igienici talvolta discutibili, e proveniente anche da animali poco comuni per le nostre abitudini, come la lama. Tutto è vivacissimo, anche grazie ai colori degli abiti tradizionali delle venditrici. Impossibile non avere l’impulso di scattare altre foto, subito seguito, però, da un piccolo senso di colpa: non è che, magari, sto trattando queste persone come elementi decorativi? Alla fine ho cercato di fotografare solo i prodotti, e se ogni tanto è finita nell’inquadratura anche qualche venditrice, spero sia un peccato veniale.

Paisaje del Pucará
Cactus
Cactus. Foto de Andre Zuppa.

Il Pucará è la ricostruzione di un villaggio pre-incaico della popolazione tilcara, sottomessa prima dagli Inca nel XV secolo, poi dagli spagnoli. La ricostruzione risale ai primi del Novecento, e forse proprio per questo si sono presi alcune libertà creative. Ma almeno sono stati rispettati le fondamenta delle strutture originali. Il sito è punteggiato da cactus e, nonostante il sole implacabile, è stato interessante visitarlo.

Pucará y cactus. Foto de Andrea Zuppa.
Llamas a la sombra

Abbiamo deciso di rinunciare all’escursione alle cascate della Garganta del Diablo. Non ci è costato troppo ammettere che, di cascate, negli ultimi giorni ne avevamo fatto il pieno. Così l’ultimo capitolo della nostra breve visita a Tilcara è stato il Museo José Antonio Terry, dedicato al pittore originario di Buenos Aires che si trasferì qui da giovane, affascinato dal luogo. La sua produzione si estende fino alla metà del secolo scorso e ha una particolarità: Terry era sordo dalla nascita, come le sue sorelle, anch’esse pittrici. Per questo il museo dedica parte dei suoi spazi anche alla storia della lingua dei segni e dell’educazione per studenti sordi in Argentina.

Mirándose al espejo, 1919. José Antonio Terry.

5 comentarios sobre “De Purmamarca a Tilcara

  1. ho letto il tuo/vostro blog segnalatomi da Manu: emozionante, suggestivo ed empatico. In specie per uno che ha attraversato quella terra aspra, dura selvaggia capace di svelare nascoste dolci sorprese. Grazie per la vs condivisione, continuerò con piacere a seguirvi da lontano. Ciao Beppi

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