Apunarse

[ESPAÑOL]

En el español andino hay un término totalmente extraño en España (como tantos otros en esa y en otras variedades) que hace referencia al mal de alturas: apunarse. El diccionario de la RAE lo define como “padecer puna o mal de montaña”, aunque luego no dedica una entrada a definir puna.

El día 3 los amigos que nos iban a acompañar a las Salinas Grandes nos llamaron para decirnos que, por su parte, abortaban la operación. La situación no permitía llegar desde Humahuaca (donde ellos se encontraban) hasta Purmamarca (donde los esperábamos) para hacer la excursión juntos. Me apuné mal —dijo ella con una voz de ultratumba. Arrepentida de algo cuya responsabilidad no tenía, se despidió hasta más ver en Italia. Se la notaba enojada contra ese azar que la obligaba a renunciar a algo que había disfrutado en otras ocasiones. Y también resignada. Tenían que escapar cuanto antes de los 2900 metros de altitud en los que se encuentra Humahuaca.

Mirador de camino a las Salinas Grandes a 3800 metros s. n. m.

El mal de altura puede provocar palpitaciones, dolor de cabeza, vómitos y náuseas constantes. La tensión arterial se dispara y, si la situación se prolonga, puede resultar grave. Para contrastarlo o evitarlo aconsejan hidratarse muy bien y usar hojas de coca. No se trata de mascarlas, como a veces se oye decir, sino de introducirlas en la boca y dejarlas hechas una pelota a un lado, engordando la mejilla, de manera que con la salivación vaya soltando toda esa sustancia que te duerme ligeramente la lengua y te salva, en teoría, de todos los males o al menos de su peor versión.

Cumbre máxima antes de llegar a las salinas. Según la brújula de móvil, 4180 metros s. n. m.

Curiosamente, la palabra puna no se refiere solo al mal de altura, sino que la Puna también es el altiplano andino que comparten Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Por eso a mí me gusta atribuir al verbo apunarse otra etimología. No se trata simplemente de un malestar debido a la altitud, sino una debilidad del ser humano ante el Altiplano, que se apodera de él, lo hechiza y lo acaba poseyendo como una deidad caprichosa. Es más, los habitantes ancestrales de la Cordillera atribuían a la Pachamama, la Madre Tierra, cierta culpa cuando alguien se apunaba. Como si les otorgara el beneficio de llegar a la cumbre solo a los elegidos, según un criterio incomprensible para hombres y mujeres.

Nuestro día 4 se centró sobre todo en la dichosa visita a las salinas, que no fue lo que iba a ser en un principio dadas las circunstancias, pero no estuvo nada mal. Para apuntarse a la excursión, hay que acercarse a una esquina de Purmamarca y preguntarle al primero que vocee “Salinas Grandes”. Él te explicará las condiciones y te pedirá 21.000 pesos por persona (unos catorce euros). El trayecto dura una hora y media, la excursión unas cuatro.

Ventanal a las salinas
Cordillera al fondo, con el volcán Tuzgle.

Las Salinas Grandes son de origen volcánico y se formaron hace millones de años (que nadie pregunte cuántos, los dedos se me antojan huéspedes), cuando la placa tectónica del Pacífico chocó contra el continente y del tremendo patatrac nació la cordillera de los Andes. En esta zona se creó una llanura donde fueron a parar las erupciones de los volcanes circundantes, con todo lo que arrastraban a su paso. Una prueba de ello es que bajo el estrato de sal hay rocas de origen volcánico. Además, se sabe que no son de origen marino porque no se han encontrado fósiles de ese tipo y porque la sal que produce no contiene yodo. De hecho, para destinar esta sal al consumo humano es necesario añadírselo, pues su carencia a largo plazo podría provocar bocio y afectar a la tiroides.

Piletones para la extracción de sal. Foto de Andrea Zuppa.

Para el profano en cuestiones geológicas, lo interesante es estar allí y admirar el espectáculo natural. Una gran extensión de terreno blanco con diferentes tonalidades y al fondo la cordillera, con el volcán Tuzgle y sus cumbres nevadas bien visible en el horizonte. Toda descripción será inútil. Es mejor verlo con tus propios ojos. Sin embargo, sorprende la actitud de muchos de los visitantes (en los adolescentes se entiende más), que buscan únicamente una foto para la colección y no parecen dedicar un minuto a la contemplación del panorama. No digo que esas fotos no sean divertidas ni que no quepan en las vacaciones de cualquiera, pero que sean el objetivo principal me parece exagerado. Los guías del lugar ofrecen mucha información interesante, pero se dedican casi en exclusiva a hacer fotos chorras de los turistas en las tres o cuatro poses de rigor. Confieso que dediqué bastante tiempo a observarlos a ellos también, maravillado por la naturaleza humana. ¿No será que se apunaron?

[ITALIANO]

Nel castigliano andino esiste un termine del tutto sconosciuto in Spagna (come tanti altri, d’altronde, in questa e in altre varianti linguistiche): apunarse. Il dizionario della Real Academia Española lo definisce come “soffrire di puna o mal di montagna”, anche se, stranamente, poi non dedica una voce specifica per spiegare cosa sia esattamente puna.

Punto de fuga. Fotografia de Andrea Zuppa.

Il 3 agosto, gli amici con cui avremmo dovuto visitare insieme le Salinas Grandes ci hanno chiamato per dirci che, da parte loro, l’operazione era abortita. La situazione non permetteva loro di raggiungerci da Humahuaca (dove si trovavano) fino a Purmamarca (dove li stavamo aspettando). Mi sono apunata malissimo —ha detto lei con una voce da oltretomba. Sembrava quasi di essersi “pentita” di qualcosa di cui non aveva nessuna colpa. Ci ha salutati con un “ci si vede in Italia” che suonava rassegnato e un po’ arrabbiato. Si percepiva la frustrazione di dover rinunciare a qualcosa che aveva già vissuto altre volte con gioia. Ma l’altitudine di Humahuaca (2900 metri) non perdona: dovevano andarsene il prima possibile.

Hexágonos de sal

Il mal di montagna può provocare palpitazioni, forti mal di testa, nausea continua e vomito. La pressione sanguigna si impenna e, se i sintomi persistono, la situazione può diventare seria. Per prevenirlo o alleviarlo, si consiglia di idratarsi molto e utilizzare foglie di coca.
Però non si tratta di masticarle, come a volte si sente dire, ma di metterne un po’ in bocca, formare una pallina e lasciarla da una parte, gonfiando leggermente la guancia. In questo modo, grazie alla salivazione, rilasciano gradualmente la sostanza che ti intorpidisce un po’ la lingua e teoricamente riesce a salvarti dal peggio.

Curiosamente, il termine puna non si riferisce solo al mal di montagna. La Puna è anche l’altopiano andino che Argentina, Cile, Bolivia e Perù si dividono. Per questo, a me piace attribuire al verbo apunarse un significato più ampio. Non solo “stare male per l’altitudine”, ma “lasciarsi sopraffare dalla Puna”, essere stregati, conquistati da questa altitudine selvaggia e imprevedibile, come se fosse una divinità capricciosa. Non a caso, gli abitanti ancestrali delle Ande attribuivano alla Pachamama (la Madre Terra) una certa responsabilità quando qualcuno si ammalava per l’altitudine. Come se solo ad alcuni, i prescelti, fosse permesso di accedere alla vetta, secondo criteri misteriosi e imperscrutabili.

Flor de sal en el fondo de los piletones

Il nostro 4 agosto è stato dedicato proprio alla tanto attesa escursione alle Salinas Grandes, che, viste le premesse, non è stata quella che ci eravamo immaginati… ma è stata comunque bella. Per prenotare un posto, basta avvicinarsi a un angolo preciso di Purmamarca e avvicinarsi al primo che grida “Salinas Grandes!”. Ti spiegherà tutto e ti chiederà 21.000 pesos a testa (circa 14 euro). Il viaggio dura un’ora e mezza, l’escursione in sé circa quattro ore.

Foto para la posteridad

Le Salinas Grandes sono di origine vulcanica e si formarono milioni di anni fa. Quando la placca tettonica del Pacifico urtò il continente sudamericano, nacque la cordigliera delle Ande. In questa zona si creò una grande conca, dove si accumularono i materiali delle eruzioni vulcaniche. Ne è prova il fatto che sotto lo strato di sale si trovano rocce di origine vulcanica. Si sa inoltre che non sono saline marine, perché non sono stati trovati fossili di quella provenienza, e perché la loro salgemma è priva di iodio. Infatti, per renderla adatta al consumo umano, è necessario aggiungerlo artificialmente, altrimenti, a lungo termine, può causare il gozzo e problemi alla tiroide.

Ma per un profano in geologia, il bello è semplicemente essere lì, in mezzo a quel bianco abbagliante, con mille sfumature, e sullo sfondo la cordigliera con il vulcano Tuzgle e le sue cime innevate all’orizzonte. Nessuna descrizione potrà mai rendere davvero giustizia a quello che si prova. Bisogna vederlo con i propri occhi.

Foto para la posteridad (2)
Foto para la posteridad (3). Fotografía de Andrea Zuppa.

Eppure, sorprende l’atteggiamento di molti visitatori (magari comprensibile nei più giovani) che sembrano interessati solo a ottenere lo scatto perfetto per la loro collezione. Intendiamoci: quelle foto buffe possono anche essere simpatiche, e trovano posto nel racconto di ogni vacanza. Ma farne lo scopo principale della visita sembra un po’ esagerato. Le guide, a dire il vero, danno molte informazioni interessanti… ma spesso si trasformano in fotografi ufficiali dei turisti, intenti a immortalare le tre o quattro pose di rito. Devo ammettere che ho passato parecchio tempo a osservare quelle scene. Affascinato. Forse, mi sono chiesto, si saranno apunati anche loro?

Advertencias y reivindicaciones

Un comentario en “Apunarse

Deja un comentario