[ESPAÑOL]
El sábado ha sido un día de lo más atípico y extraño. Empezamos sufriendo los cambios de reserva a los que nos obligó Aerolíneas Argentinas, por su cuenta y su razón. Nuestra reserva inicial de Puerto Iguazú a Jujuy no sirvió para nada, se transformó en un viaje mucho más largo vía Buenos Aires, y para colmo, el primer vuelo era con destino Ezeiza y el segundo con origen en Aeroparque, dos aeropuertos separados por casi una hora de trayecto en coche, que teníamos que hacer a partir de la una de la madrugada. ¡¡Yupi!!
Los astros se (medio)alinearon y conseguimos que nos pasaran a un vuelo que llegaba al mismo aeropuerto del que teníamos que retomar el viaje, lo que nos solucionó parte del problema. Salimos de Iguazú a las doce de la noche y llegamos a Jujuy a las siete y media de la mañana. Medio dormidos y con los riñones al jerez, tomamos un taxi hasta la estación de San Salvador de Jujuy y desde allí uno de los famosos ómnibus hasta Purmamarca, próxima etapa del viaje.

Conseguimos que nos atendieran en el hostal donde teníamos reservado, pero eran las once, y hasta la doce no nos daban la habitación, así que decidimos dar una vuelta por el pueblo para hacer tiempo. Pintoresco ya a primera vista, bullicio de turistas en el mercado de artesanías y los cerros alrededor que cambian de aspecto a medida que el sol se mueve. La plaza central con el cabildo y la iglesia de Santa Rosa de Lima recibió nuestras primeras fotografías.

Nos sentamos a beber algo en una de las terrazas adyacentes y estábamos a punto de volver a echar otra cabezada, cuando un descubrimiento nos sacudió la modorra: la cartera se me había caído del bolsillo del pantalón (uno de esos para hacer caminatas con cremalleras por todos lados). Recorrí hacia atrás el camino andado y me encomendé a Santa Rosa (ya que es la patrona local y la teníamos al lado).

No surtió mucho efecto de momento. Nos recomendaron dar parte a la policía porque a veces la gente lleva a comisaría los objetos perdidos, y nos fuimos a dormir en cuanto nos dieron la oportunidad.
Por la tarde dimos otra vuelta por el entorno y sacamos más fotos (el atardecer transforma la atmósfera reinante disparando luces nuevas sobre las laderas de los cerros).

Estábamos tomando una limonada con jengibre y menta (bebida que hemos encontrado en casi todos los locales desde que llegamos a la capital), cuando se me ocurrió entrar en Facebook. Una desconocida quería mandarme un mensaje:
— Hola, ¿perdiste tu billetera en Purmamarca?.
— Sí, la estoy buscando.
Y esa fue la constatación de que bien está lo que bien acaba.

[ITALIANO]
Il sabato è stato una giornata decisamente insolita e surreale. Tutto è cominciato con i cambi improvvisi alla nostra prenotazione, imposti da Aerolíneas Argentinas, per motivi loro e senza troppe spiegazioni. La nostra prenotazione originaria da Puerto Iguazú a Jujuy è diventata inutile: abbiamo fatto un viaggio molto più lungo con scalo a Buenos Aires. Come se non bastasse, il primo volo atterrava a Ezeiza e il secondo partiva da Aeroparque, due aeroporti separati da quasi un’ora di macchina… il tutto a partire dall’una di notte. Evviva!
Gli astri, per fortuna, si sono (in parte) allineati: siamo riusciti a farci spostare su un volo che arrivava direttamente all’aeroporto da cui dovevamo ripartire, risolvendo così almeno una parte del problema. Siamo decollati da Iguazú a mezzanotte e siamo atterrati a Jujuy alle sette e mezza del mattino.
Un po’ rintronati, con la schiena a pezzi e il sonno a metà, abbiamo preso un taxi fino alla stazione di San Salvador de Jujuy e da lì uno dei famosi ómnibus verso Purmamarca, la prossima tappa del nostro viaggio.

Siamo riusciti a farci accogliere all’ostello dove avevamo prenotato, ma erano le undici e la stanza non sarebbe stata pronta prima di mezzogiorno. Così abbiamo deciso di fare un giro per il paese, giusto per passare il tempo.
Già al primo sguardo, Purmamarca ci è sembrata pittoresca: il mercato dell’artigianato brulicava di turisti e i colli circostanti cambiavano aspetto man mano che il sole si spostava. La piazza centrale, con il cabildo e la chiesa di Santa Rosa de Lima, ha accolto i nostri primi scatti fotografici.

Ci siamo seduti su una delle terrazze lì vicino per bere qualcosa, e stavamo per crollare di nuovo dal sonno, quando un’improvvisa scoperta ci ha svegliati di colpo: il portafoglio mi era caduto dalla tasca dei pantaloni — uno di quei modelli da trekking, pieni di cerniere ovunque. Ho rifatto il percorso al contrario, ripassando mentalmente ogni tappa e affidandomi a Santa Rosa (dopotutto, è la patrona locale ed era lì, a pochi passi da noi).
Per il momento, però, non sembrava funzionare. Ci hanno consigliato di fare una denuncia alla polizia: a volte capita che qualcuno ritrovi oggetti smarriti e li porti direttamente in commissariato.
E appena ci hanno consegnato la stanza, siamo crollati a dormire.

Nel pomeriggio siamo usciti di nuovo, ci siamo goduti il paesaggio, scattato altre foto: al tramonto l’atmosfera cambia completamente, con la luce che disegna nuove sfumature sulle pendici dei colli. Seduti a sorseggiare una limonata con zenzero e menta —una bevanda che da Buenos Aires in poi sembra esserci sempre accanto—, mi è venuto in mente di aprire Facebook. Una sconosciuta voleva scrivermi in privato:
— Ciao, hai perso il portafoglio a Purmamarca?
— Sì, lo sto cercando…
E quello è stato il momento in cui abbiamo capito che, alla fine, tutto è bene quel che finisce bene.


vaya susto!!!! y la recuperaste al final, no??? buena gente los pumarmaqueños, jejejejeje
Me gustaLe gusta a 1 persona
Sí, con todo dentro tal cual. Un poco más y me añaden el aguinaldo.
Me gustaMe gusta