SUBE / SALI

[ESPAÑOL]

Recién llegados al aeropuerto de Ezeiza, nada más coger las mochilas de las cintas de equipaje, seguimos un pasillo que nos llevaba a donde se suponía que todo turista tenía que llegar. Varias personas se abalanzaron sobre nosotros ofreciéndonos taxis. Hay empresas que ofrecen el servicio de traslado al centro con minibuses por unos 21000 pesos (más o menos 15 euros), lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta la distancia. Luego están los taxis privados y los VTC (Cabifay y Uber). Pero nosotros estábamos empeñados en parecernos a los locales, por esa ilusión absurda de sentirnos especiales.

Así que a a la señora que nos ofreció el taxi le dijimos que queríamos sacarnos la tarjeta SUBE, lo cual hizo nacer en su rostro un gesto de desaprobación. No entraba en sus planes encontrarse dos turistas informados. Aquello le causó una crisis existencial: por un lado, quería seguir el impulso argentino de acoger al forastero y resultarle útil; por otro, necesitaba llevarse el gato al agua para su propio beneficio y el de su empresa. Resultado: nos dio la información a medias (“pueden sacarla acá, pero no podrán recargarla hasta llegar al centro”). Era una sugerencia entre líneas para caer en sus brazos.

Tarjeta SUBE

Cuando llegamos al mostrador de información, constatamos que podíamos hacerlo todo: comprar la tarjeta, recargarla e incluso coger un autobús de línea (el 8 con distintivo rojo) por el módico precio de 1800 pesos por cabeza (unos 1,20 euros). Este último paso fue todo un descubrimiento de última hora, que nos convenció de que somos unos genios.

Luego me aparecieron las dudas lingüísticas. A medida de que los carteles publicitarios de la ciudad nos bombardeaban con imperativos argentinos, empecé a preguntarme de dónde venía ese “SUBE”, que yo suponía una invitación a utilizar el transporte público. Vista desde la península ibérica, la variedad argentina suena creativa y arriesgada, a pesar de que el voseo sea en realidad una variante lingüística “conservadora”. Un argentino es capaz de acentuar los pronombres átonos (“explicarseló”), que es algo así como escribir las mayúsculas con minúscula o escribir derecho con renglones torcidos (habilidad que suele atribuirse solo a entidades divinas y sobrenaturales).

Lleva > llevá

En esta línea de acusada personalidad idiomática, los imperativos de 2ª pna. del singular, adquieren formas agudas y sonoras que atraen la atención del hablante castellano. Entonces, si “sal” se convierte en “salí”, y “elige” se transforma en “elegí”, ¿el imperativo de subir no tendría que ser “subí”? No entendía, pues, por qué la tarjeta no se llamaba SUBÍ.

Prueba > probá

Descubrir el acrónimo me dio la clave del asunto: Sistema Único de Boleto Electrónico. Desvelado el misterio.

Ama > amá – haz > hacé

[ITALIANO]

Appena arrivati all’aeroporto di Ezeiza e ricuperati gli zaini, abbiamo seguito il solito corridoio per turisti. Diverse persone si sono avventate su di noi offrendoci dei taxi. Ci sono aziende che offrono il servizio di trasferimento per il centro con minibus per circa 21.000 pesos (più o meno 15 euro), il che non è affatto male, considerando la distanza. Poi ci sono i taxi privati e i VTC (Cabifay e Uber). Ma volevamo a tutti costi assomigliare ai locali, per via di quell’assurda fantasia he ci porta a convincerci di essere speciali.

Elige > elegí

Così alla signora che ci ha offerto il taxi abbiamo detto che volevamo fare la tessera SUBE, il che ha fatto comparire sul suo volto una smorfia di disapprovazione. Non era nei suoi piani incontrare due turisti informati. La questione le è valsa una crisi esistenziale: da un lato, voleva seguire l’impulso argentino di accogliere lo straniero e di essergli utile; dall’altro, aveva bisogno di portare l’acqua al proprio mulino e a quello della sua azienda. Risultato: ci ha dato le informazioni a metà (“potete farla qui, ma non potrete ricaricarla finché non arrivate in centro”). Era un suggerimento tra le righe di lasciarci conquistare dal suo charme.

Imprime > imprimí

Quando siamo arrivati al banco informazioni, abbiamo saputo che le possibilità erano molte di più del previsto: potevamo acquistare la tessera, ricaricarla e persino prendere un autobus (linea 8 con cartello rosso) per il modesto prezzo di 1800 pesos a testa (circa 1,20 euro). Quest’ultimo passaggio è stata una scoperta dell’ultimo minuto che ci ha fatto capire di essere geniali.

Corre > corré

Poi sono arrivati i dubbi linguistici. Man mano che i manifesti pubblicitari della città ci bombardavano con imperativi argentini, ho iniziato a chiedermi da dove venisse quel “SUBE”, che credevo fosse un invito a utilizzare i mezzi pubblici (imperativo di subir, it. ‘salire’ > sali!). Sentita dalla penisola iberica, la varietà argentina suona creativa e rischiosa, anche se il voseo è in realtà una variante linguistica “conservatrice”. Un argentino è in grado di accentare i pronomi atoni (“explicarseló”), che sarebbe come scrivere le lettere maiuscole con la minuscola oppure scrivere dritto con righe storte (abilità che di solito viene attribuita soltanto alle entità divine e soprannaturali).

Recuerda > recordá

In linea con questa forte personalità idiomatica, gli imperativi di 2ª pna. del singolare, acquisiscono forme acute e sonore che attirano l’attenzione del parlante proveniente della Castiglia. Allora, se “sal” diventa “salí”, “elige” si trasforma in “elegí”, e “imprime” è “imprimí”, l’imperativo di subir non dovrebbe essere “subí”? Non capivo, quindi, perché la tessera non si poteva chiamare SUBÍ.

Trío de ases

Scoprire l’acronimo mi ha dato la chiave: Sistema Unico di Biglietto Elettronico. Svelato il mistero.

Sigue > seguí – Tómate > tomate – lleva > llevá – circula > circulá – átate > atate – circula > circulá

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